Antonio Ángel Coria: Persiste el testimonio
En 1972, cuando los sobrevivientes de la masacre de Trelew estaban en el hospital de la base naval, y aún antes del acto del 17 de octubre celebrado en calle Humberto Primo con gran concurrencia de público y oradores llegados de Bahía Blanca y Buenos Aires, el negrito Coria ya se había mudado.
Era una cuestión de seguridad personal, decían. Estaba muy jugado, repetían; era figura visible de la resistencia peronista en Punta Alta, y aunque aquel día de octubre estuvo alentando el acto, volvió a desaparecer justo cuando Colubri instó a la desconcentración porque en calle Colón ya estaban apostadas las columnas de infantería de marina prontas a reprimir.
¡Corre, negrito, corre…!, le dijeron entonces cien cumpas paisanos. Porque como ha dicho Eriberto De Pablo (¨Rulo¨), Coria, además de negro es un bandido peronista al que siempre intentaron desviar, silenciar y desaparecer. Desde aquella anécdota de la búsqueda de huellas digitales en los afiches que recordaban indebidamente al ¨tirano depuesto¨ con nombre y apellido, hasta su cruzada con el periódico ¨Resistencia¨ junto a varios paisanos hermanados en la pata ancha, su cargo de responsable de la imprenta de la Universidad Nacional del Comahue o su imprenta de calle Santiago del Estero en Bahía Blanca donde hasta diciembre de 1975 continuó predicando verdades.
¡Y pucha que había corrido! Se había enfrentado nada menos que con el interventor Remus Tetu, llegado a la Universidad del Comahue, y que terminó exonerándolo al considerarlo subversivo. Era el juicio, aclaremos, de un nazi tardío, precursor de los grupos de tareas. El mismo que en la primera rueda de prensa en Neuquén había advertido que con una metralleta en su mano izquierda, y a sesenta metros, era capaz de escribir su nombre y apellido…
El negro recuerda en una entrevista reciente concedida al diario ¨La mañana de Neuquén¨, que a la llegada de Tetu ¨la casi totalidad de militantes comprometidos con estructuras de la Juventud Peronista ya no estaban (…) pues (…) en setiembre de 1974 habían pasado a la clandestinidad. No obstante, Mónica Morán, asesinada en Bahía Blanca la madrugada del 24 de junio del ´76, Panchito Rabi, secuestrado en Florencio Varela, Juan Jacinto Burgos, secuestrado en Mar del Plata, o Juan Carlos Castillo, asesinado en Bahía Blanca, eran todos trabajadores no docentes de la Universidad Nacional del Comahue, y sus muertes se produjeron durante los primeros meses posteriores al golpe…¨.
Ahora el juez federal de Neuquén, Guillermo Labate, investiga la infiltración de represores en la UNCo, haciéndose pasar por estudiantes de Letras, recuerda el artículo periodístico citado, acotando que uno de esos infiltrados está siendo juzgado por su actuación en La Escuelita. Asimismo, ilustra informando que los militares infiltrados ni siquiera habían terminado la secundaria, pero igualmente fueron matriculados gracias a los oficios de Tetu.
El negro Coria afrontó como tantos el exilio doloroso, injusto, frustrante. Pasó por Perú; después se radicó en Méjico. Continuó ejerciendo el periodismo y su brillo intelectual le permitió asesorar la campaña presidencial de un notorio político del hermano país americano.
Como tantos puntaltenses, siguió viviendo en su terruño por más lejos que estuviera. Continuó siendo un referente de todo lo que sucedía en Punta Alta, pese a radicarse en Neuquén a su regreso a la Argentina.
Siempre ejerció el periodismo, y además se dio el gusto de volver a trabajar en la Universidad del Comahue. Ahora dirige un programa de radio y dice que aspira a jubilarse. Pero esta raza de hombres, me dicen varios, jamás se licencia. Tipos como el negro Coria nunca se callan.
¿O acaso alguien quiere que cesen sus testimonios?


ES INTERESANTE SABER, QUE FUE UN JUEZ DE LA DEMOCRACIA, QUIEN ORDENÓ QUEMAR EL ÚNICO RECURSO DE AMPARO QUE SE INTERPUSIERA EN LA CIUDAD DE BAHÍA BLANCA, CON MOTIVO DE LA MASACRE. JUSTAMENTE (…) TODAVIA EN FUNCIONES FUE QUIEN CON CULTURA PIROMANÍACA DIO LA ORDEN DE QUEMAR EL DOCUMENTO.
En este comentario se transcribía el apellido de un Juez. Por razones obvias se eliminó la mención.