De retornos y ostracismos

Revelaciones sobre la fugaz

presencia del Libertador en

1829

sanmartin

Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame Ud, general, le haga una sola reflexión, a saber: que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según la verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses, en la situación en que Ud se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país, le servirá de un consuelo inalterable… Pero San Martín al hablar así a Lavalle, descubría sólo parte y no todo su pensamiento. Fue a sus amigos O´Higgins y Guido a quienes les dirigió sendas cartas para explicarles plenamente las causas de su actitud y de su diagnóstico político, que resultó una profecía admirable por la exactitud con que más tarde se realizó.

Así se refería Carlos Ibarguren * –Premio Nacional de Literatura, 1930- al paso de San Martín por los puertos de Buenos Aires y Montevideo, en su obra De nuestra tierra, Juan Manuel de Rosas. A la excelencia de esta prosa, se suma el siempre vivo interés de las crudas revelaciones de Ibarguren sobre el ideario moral y político del Libertador. Creemos suficiente la demostrada actualidad del texto, como para reproducirlo fielmente ** a continuación.

¨… El 6 de febrero de 1829 anclaba en la rada frente a Buenos Aires el buque inglés ¨Chichester¨(a), trayendo como pasajero desde Inglaterra al general José de San Martín, embarcado de incógnito bajo el nombre de José Matorras. San Martín venía deprimido y triste. De tiempo atrás tenía proyectado este regreso para poder morir en su patria; quiero –decía con amargo pesimismo- concluir mis días en mi chacra (b), separado, si es posible de la sociedad de los hombres (1). Al pasar por Río de Janeiro se enteró de la revolución del 1º de diciembre y en el puerto de Montevideo supo el fusilamiento de Dorrego. Al divisar conmovido, desde el buque, a Buenos Aires, que estaba desgarrada por la anarquía y los odios políticos, ratificó la firme resolución de no desembarcar y volver al ostracismo. El general había engorsado y encanecido; pero conservaba los ojos siempre centelleantes y su aspecto nada había perdido de cuando conducía sus legiones a la victoria (2).

Es mismo día, a bordo, recostado en la cubierta, vió aparecer en una ballenera que venía de la costa a sus ex oficiales Manuel Olazábal (c) y Pedro Nolasco Álvarez Condarco (d) que iban a saludarle. Les abrazó con ternura paternal y llevándolos a la cámara les dijo: Yo supe en Río de Janeiro la revolución encabezada por Lavalle, en Montevideo el fusilamiento de Dorrego. Entonces me decidí a venir hasta balizas, permanecer en el paquete (e) y por nada desembarca, haciendo desde aquí algunos asuntos que tenía que arreglar y regresar a Europa. Mi sable… ¡No…! Jamás se desenvainará en guerras civiles (3).

Seis días después, en la tarde del 12 de febrero, el Libertador de Sud América, solo y silencioso, reclinado en la borda del ¨Chichester¨, miraba por última vez la tierra natal. El barco zarpó rumbo a Montevideo, mientras el crepúsculo esfumaba las torres de la ciudad y teñía con tintes rojizos y sombríos las aguas turbias y la costa lejana…

En Montevideo, San Martín, que se preparaba a partir para Europa, fue sorprendido por la visita de su cuñado Manuel Escalada, quien le anunció que dos delegados del general Lavalle: el coronel Eduardo Trolé (f) y Juan Andrés Gelly (g) llegaban de Buenos Aires para hablarle. San Martín recibió a los comisionados escuchando de ellos la propuesta de que aceptase el gobierno de Buenos Aires como la única solución patriótica que aseguraría la paz. El general rehusó terminantemente manifestando que ya había declinado igual pedido que le fuera formulado por los federales. Después de discutir más de tres horas, el Libertador expresó a los delegados de Lavalle:

Es conocida mi opinión de que el país no hallará jamás quietud, libertad ni prosperidad sino bajo la forma monárquica de gobierno. En toda mi vida pública he manifestado francamente esta opinión de la mejor buena fe, como la única solución conveniente y practicable en el país. Como las ideas contrarias a mi opinión están en boga y forman la mayoría, yo nunca me resolvería a diezmar a mis conciudadanos para obligarlos a adoptar un sistema en el que vendrán necesariamente a parar, aunque tarde, y después de mil desgracias. A Lavalle y a los demás jefes les profeso afecto personal y no los puedo mirar con indiferencia, a pesar de sus extravíos juveniles; pero no puedo aceptar sus ofertas. Me iré a Río de Janeiro y de allí a Europa, alejándome así de un teatro al que estoy ligado por tantos vínculos y cuyas desgracias me afectan tanto (4).

Inmediatamente, San Martín escribió a Lavalle, manifestándole que los señores Trolé y Gelly le dirán el resultado de la conferencia y le agregaba: Sin otro derecho que el de haber sido su compañero de armas, permítame Ud, general, le haga una sola reflexión, a saber: que aunque los hombres en general juzgan de lo pasado según la verdadera justicia, y de lo presente según sus intereses, en la situación en que Ud se halla, una sola víctima que pueda economizar a su país, le servirá de un consuelo inalterable, sea cual fuese el resultado de la contienda en que se halle Ud empeñado, porque esta satisfacción no depende de los demás, sino de uno mismo (5).

Lavalle recibió malhumorado la respuesta del Libertador y se lo hizo sentir insinuándole que era un egoísta. Su actitud –le decía en una carta- me revela o que la patria no le inspira ya interés o que desespera Ud de su salud (6).

A lo que San Martín le replicó: La primera hipótesis me ofende, hablo a usted con franqueza, general; la segunda no existe. Un solo caso podría llegar en que yo desconfiase de la salud del país; cuando viese una casi absoluta mayoría en él, por someterse otra vez al infame yugo de los españoles… Más o menos males, más o menos progresos en las fortunas particulares, más o menos adelantos en nuestra ambición; he aquí lo que resultará de nuestras disensiones. En verdad que las consecuencias más frecuentes de la anarquía son las de producir un tirano… más aún en este caso tampoco desconfiaría de su salud, porque sus males estarían sujetos a la duración de la vida de un solo hombre…

Pero San Martín al hablar así a Lavalle, descubría sólo parte y no todo su pensamiento. Fue a sus amigos O´Higgins (h) y Guido (i) a quienes les dirigió sendas cartas (7) para explicarles plenamente las causas de su actitud y de su diagnóstico político, que resultó una profecía admirable por la exactitud con que más tarde se realizó.

Las agitaciones consecuentes a diecinueve años de ensayos en busca de una libertad que no ha existido, y más que todo –dijo San Martín- la difícil posición en que se halla en el día Buenos Aires, hacen clamar a lo general de los hombres que ven sus fortunas al borde del precipicio y su futura suerte cubierta de una funesta incertidumbre, no por cambio en los principios que nos rigen, sino por un gobierno riguroso, en una palabra, militar, porque el que se ahoga no repara en lo que se agarra. Igualmente convienen, y en esto ambos partidos, que para que el país pueda existir es de absoluta necesidad que uno de los dos desaparezca. Al efecto se trata de buscar un salvador que, reuniendo el prestigio de la victoria, la opinión del resto de las provincias, y más que todo un brazo vigoroso, salve a la patria de los males que la amenazan. La opinión, o mejor decir, la necesidad presenta este candidato: él es el general San Martín… Partiendo del principio de ser absolutamente necesario el que desaparezca uno de los dos partidos de unitarios o federales, por ser incompatible la presencia de ambos con la tranquilidad pública, ¿será posible sea yo el escogido para ser verdugo de mis conciudadanos y cual otro Sila, cubra a mi patria de proscripciones? No, amigo mío, mil veces preferiré envolverme en los males que ser yo el ejecutor de tamaños horrores. Por otra parte, después del carácter sanguinario con que se han pronunciado los partidos contendientes ¿me sería permitido por el que quedase vencedor de una clemencia que no sólo está en mis principios, sino que es del interés del país y de nuestra opinión con los gobiernos extranjeros, o me vería precisado a ser el agente de pasiones exaltadas que no consulten otro principio que el de la venganza? Mi amigo, es necesario que le hable la verdad: la situación de este país es tal, que al hombre que lo mande no le queda otra alternativa que la de someterse a una facción o dejar de ser hombre publico. Este último partido es el que yo adopto… Ud conocerá que en el estado de exaltación a que han llegado las pasiones es absolutamente imposible reunir los partidos en cuestión, sin que quede otro arbitrio que el exterminio de uno de ellos

El general Lavalle, descorazonado ante la negativa de San Martín, que hacía fracasar su esperanza de una solución conveniente, veía empeorar día a día la situación en que él y su partido se hallaban colocados. El apresamiento de los buques argentinos surtos en el puerto por parte de la escuadra francesa al mando del Vizconde Venancourt, a causa del alistamiento forzado de franceses en el ejército, venía a empeorar el estado de las cosas. El comité unitario expresaba sus quejar a Lavalle: el doctor Agüero (j) le comunicaba que la reunión exigía una nueva organización del gobierno; Díaz Vélez (k) requería lo mismo. Los unitarios sentíanse vencidos y estaban desmoralizados. Comenzaron a emigrar. Uno de los males que debe cesar es la emigración –escribía el Coronel Trolé a Lavalle (8)- y mucho más cuando las primeras cabezas del país dan este funesto ejemplo: Ud sabrá que don Bernardino Rivadavia se embarca para Francia mañana o pasado… Aún se podrá salvar al país, sea restableciendo la tranquilidad o continuando la guerra; pero en este último caso Buenos Aires necesita otra dirección y la necesita inmediatamente… He ido a visitar a amigos míos y a otros que son suyos y en todas partes he encontrado disgustos, porque desearían ver concluirse pronto los males de nuestra cara patria… De ayer a hoy se han embarcado más de seiscientas personas y sigue la emigración… ¨.

En esos días, José de San Martín también partía desde Montevideo con destino europeo. Ese sería su ostracismo definitivo.

* Carlos Ibarguren. Nació en Salta en 1877 y murió en Buenos Aires en 1956. Fue escritor, historiador y jurista. Cursó estudios superiores de Derecho, pero se especializó en la investigación histórica. Durante el gobierno de Roque Sáenz Peña (1913-1914) fue Ministro de Justicia e Instrucción Pública. Fue miembro de número de la Academia Nacional de Historia y Presidente de la Academia Argentina de Letras. Además del parcialmente reproducido De nuestra tierra, Juan Manuel de Rosas (obra galardonada con el premio Nacional de Literatura, en su convocatoria de 1930), publicó Las sociedades literarias y la revolución argentina (1938) y La historia que he vivido (1955).

** Se reprodujeron las llamadas del texto original con caracteres numéricos. Para mayor ilustración y comprensión del texto, hemos agregado otras citas, diferenciándolas con la utilización de caracteres alfabéticos. Los subrayados son originales de Carlos Ibarguren.

(a) El nombre completo del navío británico era ¨Condesa de Chichester¨ o bien ¨Countess of Chichester¨.

(b) San Martín se refería a la chacra mendocina en la que ya había vivido y trabajado artesanalmente con cultivos habituales de la zona. ¨…La chacra del General San Martín constituye un testimonio relevante de su política en Mendoza y también de su visión de la existencia, del sentido que le dio a si vida.// Son ampliamente conocidos los trámites que se dan al pedido de San Martín de 50 cuadras de tierra “por gracia y merced”. En la solicitud, el peticionante expresa que desea dedicarse a trabajar el campo y por haber propendido él mismo a que “se fomenten, se pueblen y cultiven los que hay en inmenso espacio a la parte norte del Retamo”, les profesa una decidida inclinación. El escrito del gobierno que encabeza las actuaciones, deja claramente establecido que se trata de “tierras de las que recientemente se han habilitado en la campaña nombrada los Barriales.” Así mismo se hace referencia a que fue San Martín quien las hizo progresar mediante riego. El fiscal dictamina favorablemente y el asesor de gobierno, por su parte, propone que se otorguen, además de las 50 que solicita San Martín, 200 más con destino a su hija.// Cuando Luzuriaga transmite a San Martín la decisión del gobierno, reitera los conceptos del fiscal y asesor y comunica la donación a Mercedes. El Cabildo manifiesta su regocijo y mientras tanto, Herrera mensura las tierras y señala los límites: por el poniente Nicolás Serpa; por el sur Gregorio Villanueva y tierras del Retamo; por el naciente tierras del Estado y por el norte “la esquina de la Villa y huella que se va a abrir de cuenta del Estado “. El trámite se complica cuando San Martín cede las 200 cuadras donadas a su hija para premiar a individuos del ejército. Desechada esta cesión, se reservan por orden del gobierno 200 cuadras para los beneméritos del ejército, ubicadas al naciente de la Villa y al sur del nuevo camino. Finalmente, y habiéndose cumplido la toma de posesión de las tierras, el gobernador intendente aprueba lo actuado y el 20 de diciembre de 1816 oficia al Cabildo, quien ese mismo día deja constancia de la donación efectuada y del homenaje que propone el gobierno.// Iniciada la campaña libertadora a Chile y Perú el General San Martín otorga su “Chacra de los Barriales”, de 250 cuadras al cuidado de Don Pedro Advíncula Moyano, vecino de la villa. Protocoliza ante el escribano Cristóbal Barcala en 1818 y se estipula que el encargado cuidará y administrará sus terrenos por el término de ocho años. Deducidos los gastos, las utilidades serán repartidas entre ambos. Acuerdan que la misma se destine a la cría de ovejas y al engorde de ganado, lo cual llevará al cultivo de alfalfa, además de la instalación de una pulpería, establecimiento indispensable en la época. San Martín se compromete a entregarle como remuneración 50 cuadras labradas.// Sin embargo a pesar de los cuidados de don Pedro no es mucho lo que pudo hacerse debido a la lenta apertura de los canales de irrigación, al trabajo que representa desecar terrenos para que puedan ser cultivados y el abandono que hacen muchos propietarios de sus terrenos los que dificulta la obra en común.// Cuando regresa el General San Martín reside, tal vez, un tiempo en su chacra en 1823.// Al retirarse de nuestra provincia a fines de 1823 cuida la propiedad Pedro Nuñez, siendo administrada por Don Pedro Advíncula Moyano y posteriormente por Don Silvestre Moyano, Nicolás Corvalán y Felipe Zorraindo. Sin embargo Don José de San Martín se encuentra asesorado de la situación de su chacra por las distintas misivas que le envía Don Salvador Iglesias.// A pesar de las desalentadoras noticias económicas de su chacra, San Martín comunica que cuando culmine la educación de su hija, si las Provincias Unidas se hallan tranquilas regresará a Mendoza para instalarse en su Tebaida.// Sus administradores le aconsejan desprenderse de su chacra, porque además de su escasa productividad se ve amenazada por los disturbios políticos.// Aunque nunca regresa, siempre cuida de este predio, y en cumplimiento de su palabra se desprende de algunas cuadras, como cuando le otorga 50 en 1833 a el Coronel Tomás Guido y al año siguiente en pago de contrato, igual cantidad a don Pedro Advíncula Moyano con lo cual “la Chacra” se reduce considerablemente.// 21 años después del fallecimiento del General San Martín, su familia decide la venta de la propiedad. El inventario y avalúo de la histórica Chacra, de 1871, nos permite apreciar las actividades económicas que desarrolló. Se indica en este documento que en el paño A y B los predios están labrados en su totalidad.// En el panorama económico que ofrece la chacra, vemos que los predios cultivados tienen alfalfa, por ese entonces, base de la economía del lugar, ya que con ella engordan los vacunos que se venden en Chile. Consta además con un número importante de álamos, alrededor de 2000, 40 sauces, unos pocos perales, membrillos, higueras y un olivo. No existe alusión a la presencia de viñedos y de olivares importantes…¨ Reproducido de www.docente.mendoza.edu.ar/

(1) Carta a O´Higgins, en el libro San Martín, su correspondencia, publicado por el Museo Histórico Nacional.

(2) Memorias, de Manuel Olazábal

(c) Manuel Olazábal: nacido en 1800 en Buenos Aires; muerto en la misma ciudad en 1872. Militar que participó de las guerras de independencia y civiles, llegando al grado de general. Acompañó a Juan Lavalle en su regreso a Buenos Aires y en la revolución de diciembre de 1828. Dicho jefe político lo ascendió al grado de coronel por su participación en la batalla de Navarro. Luchó también en la batalla de Puente de Márquez y fue uno de los oficiales que fracasó en su misión de convencer a San Martín, para que éste se quedase y participara del gobierno porteño. Tras la retirada de Lavalle, permaneció como oficial de la guarnición de Buenos Aires.

(d) Ignoramos por qué Carlos Ibarguren se refiere aquí a Pedro Nolasco Álvarez Condarco, ya que fue José Antonio Alvarez Condarco su oficial del Ejército de los Andes. Este último era un militar, fabricante de pólvora y otros explosivos, cartógrafo y ayudante de campo que llegó a ser secretario privado del general San Martín. Nació en San Miguel de Tucumán en 1780 y falleció en Chile, el 17 de diciembre de 1855. Su padre fue el alcalde Álvarez de Condarco. Se adhirió a la Revolución de Mayo, y en 1812 era oficial de artillería. Sus grandes conocimientos le valieron ser nombrado director de la fábrica de pólvora de Córdoba. En 1813 fue enviado a Chile para que dirigiera el arsenal patriota. Se hizo amigo allí de Marcos Balcarce, quien envió por su intermedio importantes mensajes a San Martín, entonces en Mendoza. El Libertador apreció su patriotismo y decidió retenerlo a su lado. Lo nombró director del polvorín y lo envió luego en misión confidencial a Buenos Aires, ante el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón. Debía establecer con éste la cantidad y tipos de artículos de guerra necesarios para la campaña de los Andes. A fines de 1816, San Martín lo envió a Chile, con el encargo aparente de llevar cartas al gobernador realista Casimiro Marcó del Pont. Lo que San Martín quería, en realidad, era que la gran memoria visual de Álvarez Condarco retuviera los accidentes de la cordillera, para marcar luego el camino del ejército. Así cruzó por Los Patos y, ni bien llegado, Marcó del Pont lo despachó de vuelta por el paso más corto, que era Uspallata. Los mapas que trazó luego de este viaje, fueron fundamentales para el cruce que el ejército libertador realizó a Chile por esos dos pasos. Después actuó como ayudante de campo de San Martín. Combatió heroicamente en la batalla de Chacabuco. Fue enviado a Londres para comprar barcos para la primera escuadra chilena. Obtuvo que Lord Cochrane aceptara la comandancia de dicha flota. Retornó a Chile y una vez lograda la independencia, prestó servicios en Bolivia, luego en Mendoza. Sufrió la persecución rosista y regresó a Chile, donde vivió como refugiado enseñando matemática. Murió allí en 1855; tal era entonces su miseria que sus amigos debieron costearle el entierro.

(e) Barco o navío (paquebote)

(3) Memorias, de Miguel Olazábal. También Plácido Abad: El General San Martín en Montevideo.

(f) Eduardo Trolé: Ahora con el grado de Coronel, había sido compañero de armas del Libertador en la Campaña de Los Andes.

(g) Juan Andrés Gelly: Nació en Asunción en 1808 y murió en la misma ciudad en 1859. Fue abogado, diplomático y político de intensa actuación en el Río de la Plata. Al doctorarse en derecho pasó a vivir en Buenos Aires, donde contrajo matrimonio con Micaela Obes, hermana de Lucas Obes. Llegó a ser jefe de Policía de Buenos Aires, aunque sus discrepancias con Rosas lo llevaron a dimitir y a vincularse con el general unitario Juan Lavalle, de quien fue secretario personal. En 1829, y representando a Lavalle, se entrevistó con José de San Martín. Se radicó después en Montevideo, donde ejerció como abogado, y se vinculó estrechamente al primer gobierno constitucional del Uruguay, encabezado por Fructuoso Rivera. Integró el ¨grupo de los cinco hermanos¨, formado por Nicolás de Herrera, José Ellauri, Julián Álvarez (los tres, como Gelly, casados con hermanas de Lucas Obes) y el propio Lucas Obes. Colaboró estrechamente con ellos Santiago Vázquez.

(4) Archivo de la Nación. Legajo del Archivo de Lavalle. Nota del 15 de abril de 1829 de los señores Trolé y Gelly a Lavalle.

(5) San Martín, Su Correspondencia, publicada por el Museo Histórico Nacional.

(6) San Martín, Su Correspondencia, op cit

(h) Bernardo de O´Higgins Riquelme nació en Chillán, Región del Bio-Bío, Chile, el 20 de agosto de 1778 y murió en Lima, Perú, el 24 de octubre de 1842. Fue político y militar chileno, considerado ¨Padre de la Patria¨ en Chile y una de las figuras militares fundamentales de la independencia de su país y de Latinoamérica. Fue el primer Jefe de Estado de Chile independiente, bajo el título de Director Supremo, entre 1817 y 1823, cuando renunció voluntariamente al cargo para evitar una guerra civil, exiliándose en el Parú hasta su muerte. Fue Capital General del Ejército de Chile, Brigadier de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gran Mariscal del Perú, General de la Gran Colombia, y organizador de la Expedición Libertadora del Perú.

(i) Tomás Guido, nació en Buenos Aires el 1º de noviembre de 1788 y murió en la misma ciudad el 14 de setiembre de 1866. Fue general del ejército sanmartiniano, diplomático y político. Actuó en las invasiones inglesas y adhirió a la Revolución de Mayo de 1810. Brindó su talento negociador durante los difíciles momentos de la independencia. Su célebre Memoria, fruto de sus conversaciones con el General San Martín, fueron determinantes para que el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le diera su apoyo a la realización de la campaña libertadora de Chile y Perú.

(7) En San Martín, Su Correspondencia, editado por el Museo Histórico Nacional, está la carta a O´Higgins. En los documentos del archivo de San Martín, publicados por el Museo Mitre, tomo IX, está la carta a Guido. El doctor Mariano de Vedia y Mitre en un artículo sobre la revolución de diciembre menciona la carta a Guido, Revista Humanidades.

(j) Julián Agüero, representante más conspicuo del partido unitario porteño. Había sido ministro de Bernardino Rivadavia.

(k) Eustoquio Antonio Díaz Vélez; nacido en Buenos Aires en 1782 y muerto en la misma ciudad en 1856. Militar que luchó en las guerras de independencia y civiles argentinas. Su nombre era Eustoquio Antonio, según consta en su partida de bautismo, aunque se lo cita incorrectamente en forma habitual como Eustaquio.

(8) Archivo de la Nación, Documentos del legajo del Archivo de Lavalle.


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