¡Basta de impunidad!

Finalmente creo que todo pasa por el respeto a la verdad. Que tarde o temprano los hipócritas quedarán en evidencia frente a la sociedad. La cuestión, decía uno de mis amigos puntaltenses, es que hay un recambio generacional y que a los más jóvenes les cuesta bastante remontar los antecedentes y comprender la realidad. ¡Hay tanta mentira enquistada! Sin embargo, repuse entonces café de sorbitos a uno y otro lado, es justamente ahora cuando surgen testimonios estremecedores a cargo de los jóvenes de Dazebao. A veces pienso que nosotros no hubiéramos podido hacerlo tan bien. ¿A ellos los apretaron como lo hicieron con vos?, me preguntó entonces el interlocutor, barbado como yo, que tenía a mi frente. Es posible. O no. Todo depende de la trascendencia que uno le de a las cosas. Yo estaba muy ilusionado con regresar y comprobar las experiencias más entrañables, descubrir un sentido histórico y hasta épico en cosas que hasta 1961, cuando me fui, eran pura rutina y lugar común. ¡Y lo encontraste! Estas cosas que estás escribiendo lo comprueban… Claro. Pero también encontré un filo hiriente al doblar las esquinas, silencios indescifrables, agresiones que no explico. ¡Terreno enemigo! ¡Terreno enemigo!, decía aquel otro que hace una pila de años que vive en Buenos Aires, devuelto del exilio, sin haber intentado nunca regresar a Punta Alta. No me resigno. Los lugares que me son familiares, aquéllos en los que vivieron los abuelos, los viejos, los primos, los patios que se prolongaban casa a casa por los fondos, esos jamás podrán ser terreno enemigo. La cuestión parece ser reconquistarlos. ¡Y esa es justamente la lucha! Trabajar en concientizar a la gente, en abrirles los ojos para que puedan contemplar la realidad en toda su complejidad. ¿Vale la pena? Yo creo que sí.

Diego Martínez, el de Página 12, me decía eso, justamente. Y a este paso, con La trampa de arena terminada y a la pesca de editor, tal vez la página impresa llegue muy tarde. Me pedía que yo me ocupara de concientizar a tanto dormido o distraído. ¡Es difícil, sí, pero bien merecen memoria y familiares de victimizados, asesinados y desaparecidos, el fiscal Cañón y su gente, que nos ocupemos del tema! Nuestro pago tiene que perder la triste condición de ser el único sitio donde no se conocen identidades de secuestradores, torturadores e interrogadores. Además, ¿cómo puede ser que se señale a los sospechados de apropiación de menores y nadie haya movido un dedo para que esos temas se investiguen? Tampoco se dice nada de los vuelos de la muerte sobre el estuario, cuando hay quienes conocen los aviones que se utilizaron, y hasta agregan que hoy siguen usándolos sin asientos. Miedo, mucho miedo, además de mentira e hipocresía. Y el miedo, ya sabés, conspira de uno y otro lado.

Nuestro pago tiene que perder, definitivamente, su condición de refugio de la mafia procesista. ¡Terminemos con la impunidad! ¿Cómo pueden ufanarse todavía de los métodos de tortura que utilizaron para hacer hablar a los secuestrados en el ARA 9 de Julio y en el socavón de la séptima batería? Y lo que es más grave aún: ¿Cómo pueden algunos escuchar estos relatos y callarse la boca?

Más allá de que se esté de acuerdo con la violencia revolucionaria o no, y conste que a mi me cuesta muchísimo justificar como legítimo un mínimo sopapo, hoy ya nadie discute la trascendencia histórica de Ernesto Ché Guevara. ¡Si hasta el propio Felipe Pigna lo ha incorporado a su pintoresco seleccionado histórico nacional, junto con Eva Perón, Dorrego y Monteagudo…! Sin embargo, hay un lugar donde la sola mención del Ché produce tirria, cortocircuitos y hasta amenazas. Ese lugar es Punta Alta.

Por todo lo que te digo. Y además porque me resultó placentero volver a escribir sobre mi abuelo don Antonio, hoy subí al blog un texto que se llama ¨El Independiente¨. Se refiere a la independencia intelectual, único terreno propio e inviolable, verdadera capilla candada de nuestra individualidad. Porque quizás podamos perder la libertad física, pero esa otra ¡JAMÁS!

Denuncias a las fiscalías federales: 0291 4547777 4550478 4560650

(El texto del banner es de Juan Gelman…)

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~ por diasporasur en 24 agosto 2008.

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