Del padre Hugo Segovia

La cuarta cruz

 

Presbítero Hugo Segovia **

En una pintura del siglo XVI, de Brueghel, el Joven, que se encuentra en Castelnovo Magra, sorprende ver no sólo las tres cruces de que nos hablan los evangelios (las de los dos ladrones que la tradición dio en llamar Dimas y Gestas, a cada lado de la de Jesús) sino también una cuarta.

Como ocurre muchas veces a lo largo de la historia, el arte ha sabido escapar de la censura a través del ingenio de los creadores. En este caso es creencia general que el pintor ha querido mostrar las humillaciones a las cuales sometían los españoles a los flamencos, una manera también velada de protestar contra ellas.

Entre tantos ejemplos no se puede olvidar que las polonesas de Chopin tenían la capacidad de despertar a los polacos sumergidos por los invasores.

Como decía el poeta Cernuda: la palabra es un arma cargada de futuro

Ya el apóstol Pablo afirmaba que la fuerza redentora de la cruz es ilimitada pero las tribulaciones de los cristianos los asocian a los sufrimientos de Jesús por el mundo (Col. 1, 24-25).

Muchos siglos después Pascal decía que Jesús estaba en agonía hasta el fin de los siglos y todavía a fines del siglo XIX un atormentado Nietzche oraba a su manera: Todos los arroyos de los lágrimas/ corren hacía ti/ y la última llama de mi corazón/ para ti se alza ardiente/ oh, vuelve mi desconocido Dios/¡mi dolor! ¡mi última felicidad!

La liturgia de Pascua nos hace revivir, a través de los signos, el misterio de la pasión y muerte de Jesús. Uno de los momentos más sugestivos es, en la tarde del viernes santo, la adoración de la cruz: después de la entrada de la cruz en el templo, traída por el diácono, el celebrante exhorta a la comunidad a adorar el árbol en el cual estuvo colgada la salvación y enseguida comienza el desfile de cada uno de los participantes que besan la cruz. Algunas veces, urgidos por la cantidad de tareas, las normas vigentes permiten que se haga una exhortación general y que cada uno, desde su lugar adore la cruz.

Sin embargo la marcha de todos y cada uno de los fieles es un momento de una inmensa elocuencia y, por más que se prolongue la celebración, muestra en forma plástica lo que la teología ha enseñado: Jesús asumió en su carne dolor de todos los hombres y de todos los tiempos. En este desfile el pastor ve pasar a los hombres y mujeres de su comunidad y sentir presentes no sólo sus sufrimientos sino las mismas palabras de Jesús en Getsemaní: mi alma está triste hasta la muerte.

La respuesta de Dios

Es cierto que muchas veces hemos puesto el acento sobre la pasión y la muerte de Jesús relegando a un segundo plano su resurrección. En nuestro continente víctima de una justicia demasiado largamente esperada, la cruz ha sido una experiencia cotidiana y ahora mismo sabemos lo ardua que es la polémica desatada en Europa por la presencia del crucifijo en los lugares públicos sobre la cual se expiden los organismos de la Unión Europea.

Algunas comunidades, conscientes del peligro de caer en repeticiones monótonas de ejercicios piadosos han ideado el Vía crucis de las catorce estaciones que se va concretando a lo largo del tiempo cuaresmal: la comunidad busca los lugares donde Jesús sufre en sus miembros en forma más o menos visible y después, en torno a la cruz, en el templo o en la casa, cada uno hace reposar la frente sobre el madero de la cruz puesta en el suelo confiando la propia carga de ese Jesús que no endureció su corazón a la voz de la justicia, que comprendió las tragedias de los hombres y mujeres de su tiempo, que compartió la condición de los que no tienen ni una piedra para recostar sus cabezas, que no eligió como amigos a los poderosos sino que llamó a los marginados, que lamentó la situación de los que no habían sido contratados para ganar el pan de sus mesas

A propósito, el teólogo González de Cardelal dice: La Semana Santa es un tiempo para dar lugar a la pregunta radical sobre el hombre y busca la posible respuesta de Dios en la historia. Por su parte, el gran matemático A Whitehead que ha denunciado las desfiguraciones del rostro de Dios, lo llama el compañero de sufrimiento, el que comprende.

La cuarta cruz es la nuestra, la de cada uno y la de la humanidad porque como manifiesta en el final de su aproximación histórica a Jesús, José Antonio Pagola, en el fuerte grito de Jesús muriendo en la cruz estaban gritando todos los crucificados de la historia. Un grito de indignación y también de protesta, pero al mismo tiempo, un grito de esperanza. Los primeros cristianos nunca olvidaron este grito de Jesús. En ese grito de un hombre rechazado y ejecutado por buscar la felicidad de todos, está la verdad última de la vida. En el amor de este crucificado está Dios mismo, identificado con todos los que sufren, gritando contra todas las injusticias, torturas y abusos de todos los tiempos.

 

Artículo originalmente publicado en La Capital del 21.04.2011

Hemos querido ilustrar el post con una reproducción de la pintura de Brueghel a la que alude el autor, pero no hemos ubicado sino un detalle donde se aprecian sólo tres cruces.

((los subrayados son del transcriptor, administrador del blog))

 

** Padre Hugo Segovia. Puntaltense –paisano por lo tanto- al cual doy cabida en este lugarcito humilde. Algo que me enorgullece a mí, y debe honrar a todo pasajero detenido en esta posta.  Dijo La Capital, de Mar del Plata: Segovia nació en Punta Alta el 5 de abril de 1931 y allí cursó sus estudios primarios y secundarios, al término de los cuales ingresó en el Seminario Mayor San José de La Plata. Fue ordenado sacerdote el 23 de julio de 1961 por el arzobispo de Bahía Blanca, monseñor Germiniano Esorto, a quien acompañó como secretario durante el Concilio Vaticano II. En ese período, ingresó en la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma, para perfeccionar su formación y egresó como licenciado en Derecho Canónico. Fue profesor de Filosofía y Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de La Plata. Durante diez años, de 1964 a 1974, se desempeñó como canciller y secretario general del arzobispado de Bahía Blanca. Fue presidente de la Organización Católica Internacional de Cine (OCIC), y jurado de dicha organización en los festivales de Mar del Plata de 1996 y 1997 y de La Habana en 1998. En la diócesis de Mar del Plata fue párroco de San Andrés, en Miramar, desde 1980 hasta 1992, y desde entonces se desempeña como párroco de San Carlos Borromeo, en Mar del Plata. De 1995 a 2004 fue coordinador de los Encuentros de la diócesis marplatense con el mundo del teatro, y de 2002 a 2006 fue coordinador del Consejo Municipal de Cultura. El recuerdo que conservo de él es de mi última infancia, cuando yo tendría entre once y doce años, y Hugo volvía temporalmente a nuestro pueblo, como seminarista. Era el hijo de la mejor amiga de mi abuela, por lo que en mi casa siempre se hablaba de él, con alegría, con esperanza, con orgullo. Nos llevamos dieciséis años, por lo que en esa visita que aludo, Hugo era un joven que no llegaba a los treinta. Recuerdo vivamente que fuimos con mi padre y mi abuelo a buscarlo a la estación Grünbein del ferrocarril, procedente de Buenos Aires, y que cargaba una pequeña valijita de cuero donde muy poco podía caberle. Al día siguiente, continúo recordando, almorzamos con él en casa de mis abuelos; toda la familia se había reunido para la ocasión. Cuando recientemente hemos conversado, Hugo repite cuánto ayudó mi abuelo a su vocación y primeros trabajos, definiéndolo como alguien que le solucionaba todos los problemas. ¡Qué raro es todo esto! Reencontrarnos en Mar del Plata y sumarnos en la escritura de reflexión, para la cual Hugo Segovia es indudablemente un maestro. Dios quiera que gocemos de su guía durante muchísimos años más.

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~ por diasporasur en 22 abril 2011.

5 comentarios to “Del padre Hugo Segovia”

  1. Conocí al padre Segovia. Su madre fue nuestra guía en la Acción Católica. Nos daba charlas en la escuela parroquial; estoy hablando de los años 1966 a 1969 aproximadamente. Hace cuarenta años me fui de Punta Alta y mirando la pàgina, fuera de las fotos del pueblo, al único conocido que encontré fue al padre. Me gustaría poder conectarme con él y seguir con esta página. Gracias!

  2. Conocí al padre Segovia en las reuniones que se organizaban en su domicilio con un grupo de jóvenes con inquietudes socio-políticas, en las cuales charlábamos y discutíamos horas en su presencia, siendo un moderador de nuestras opiniones, nunca limitó nuestros pensamiento y siempre incentivó el pensamiento crítico, quienes lean esto recordarán la ansiedad con que esperábamos llegue el día de la reunión. Le dejo al padre mis cariños y recuerdos más afectuosos, gracias por todo lo que aportó a mi formación como hombre y como ser político. Ricardo G. Frisco.-

  3. Hola me gustaría saber donde se encuentra el padre Hugo Segovia? que tengo muchas ganas de verlo para darle un gran Abrazo

    • El Padre Hugo Segovia se encuentra en la Parroquia San Carlos Borromeo, de Mar del Plata, en Juan B Justo y Buenos Aires.

    • Hoy,el Padre Hugo SEGOVIA, se encuentra en el Hogar de Ancianos, de la ciudad de Necochea,

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