Don Roque, o el fervor patriótico

donroqueensociedad

por Carlos Enrique Cartolano

cecartolano@hotmail.com

carloscartolano@gmail.com

Hemos inaugurado la segunda centuria entre los deslumbramientos y esplendores del pueblo de Mayo; pero no habremos cumplido con los deberes del presente, ni con las generaciones a venir, sin trabajar una democracia fuerte por sus organismos permanentes, amplia por la totalidad de los esfuerzos, y libre por la emancipación de las ideas que vienen rompiendo el molde de los personalismos.

Roque Sáenz Peña

Había que sacarse los guantes para no ensuciarlos con el azúcar quemada de los panes de salud. Eso, frente a dos enormes canastas de panadería, colocadas a un lado de la sala de mapas, y justo en el punto en que saliendo del patio cubierto los chicos de riguroso blanco almidonado corrían hacia la puerta de salida de la calle Passo (1). Como siempre, había quienes no se sacaban el accesorio de las manos, y seguramente cuando terminaban de devorar ese pancito dulce con rulo de crema pastelera bien amarilla, notaban que chuparse los guantes era bastante diferente de pasar la lengua por los dedos.

Era de rigor que Nilda y Nélida –las dos porteras vestidas con guardapolvos de color pajizo- empuñando sendas pinzas, sirvieran pancitos de salud al paso desde dos enormes canastas de panadería. No había acto en fiesta patria de las dos grandes que no culminara con este rito. Si no, no era ni 25 de mayo, ni 9 de julio. Sería día de la bandera y de su creador, o día de San Martín, el libertador, o día de Sarmiento, padre del aula. Porque entonces habría exposición de dibujos o de esculturas de plastilina, o teatro de sombras (2), o cualquier otra cosa. Pero pancitos de salud, no. Ni guantes que podían ensuciarse, porque los guantes eran para desfilar. Entonces, el almidón de los guardapolvos terminaba en guantes impecables, medias claras tanto en las mujeres como en los varones, porque hay que ver que entonces a nadie se le iba a ocurrir ponerle pantalones largos a un varón que usara guardapolvos. Para que se alargaran los días decían siempre en todos lados, había tiempo. Y era con seguridad cuando el muchachito terminaba el sexto grado, tuviera la edad que tuviese, si doce: doce, si trece: trece, si catorce o quince con colonia de pelambres en las pantorrillas: catorce o quince. ¡Ah! Y las nenas adornando sus cabezas con cintas humildes cuando procedían de hogares discretos, o cuando de madres faroleras se trataba, con enormes moños blancos o celestes coronando un trenzado impecable.

En 1916, los grandes también se lo tomaban en serio. Y hasta fundaban y componían sociedades patrióticas, con las que rendían culto a ese país joven algo ajeno, bastante propio, que cada vez latía con más fuerza en los pechos.

¨Siendo un deber sagrado de todo argentino conmemorar los hechos gloriosos que nos legaron aquellos valientes hombres que fundaron nuestra nación, la Sociedad Argentina (de socorros mutuos) Roque Sáenz Peña, fiel intérprete de los sentimientos nacionales, invita a los Argentinos y a todos los Extranjeros que habitan el suelo patrio a conmemorar dignamente el 106 aniversario de la gran revolución patriótica del 25 de Mayo de 1810 de donde surgió a la faz del mundo una nueva y gloriosa Nación…¨ (3).

Deber sagrado… ¡La pucha con la frasecita! Y en cumplimiento del deber, salir a buscar a los tanos y a los gallegos que tendrían que jugársela a partir de ese día por la patria de adopción. ¿Nacionalizados ya? ¿O por nacionalizarse? (4).

La sociedad se preocupaba por recomendar al vecindario el uso de la escarapela nacional, así como sugería embanderar el frente de los edificios. Y eso, cuarenta años antes de aquellos actos de la Escuela 99 en que la Señora de Peña dirigía el canto colectivo con marcial ademán de brazo y mano derechos, ceño de arrebatado director de orquesta y golpecitos tenues de la punta de su zapato derecho, de rigor negro y con tacón. Es que el culto de la patria requirió una franca evolución. Fíjese usted que el 25 de mayo de 1956, apenas si sonaron siete cañonazos en la base, porque en Punta Alta no quedaban bombistas armados desde el 16 de setiembre del año pasado. ¡Bombas ni para remates habían guardado! O si alguien las había guardado, difícilmente fuera confeso. Ahora les cuento que en aquella celebración de 1916 se programó una salva de veintiuna bombas a la salida del sol… Y no porque el 25 de mayo cayera en año de centenario de la independencia nacional. Estoy viendo programas de años anteriores y posteriores, y las veintiuna salvas se mantienen. ¡Qué estruendo para despertar al pueblo a esas horas de la mañana y con un frío que seguramente cortaba la piel de los bombistas!

Es que antes, y desde el mil trescientos, cuando empezó esta tradición de las veintiuna salvas, los cañones cargaban sólo un tiro por vez, de manera que se les hacía disparar la totalidad del parque que disponían, que era de veintiuna cargas. Se aseguraba así que el gesto del cañón fuera amistoso e inocente. Después, con el advenimiento de las baterías -y Punta Alta nació con una en el riñón izquierdo-, se acostumbró a disparar tres tiros con cada uno de los siete cañones, totalizando nuevamente las veintiuna salvas.

Lo concreto es que no había tiempo, ni en 1916 ni en 1956 para resolver a último momento esto de la escarapela, y mucho menos lo de la bandera en la puerta. Para la pequeña e individual, había mercerías como la de Schubert que en días previos vendían las cintas celestes y blancas que las madres, tías y abuelas fruncían en forma de escarapela con certeras puntadas, y ensartaban finalmente en el alfiler de gancho que se prendería al guardapolvos, al saco o sobretodo del hombre, al sacón o tapado de la mujer. ¡Claro que para mayor comodidad estaban las escarapelas de metal que se ensartaban en los ojales, a cada cual más elegante, con brillos dorados en sus bordes!

Y lo de las banderas se iba resolviendo cuando se hacía algún trabajo de albañilería en la casa. Los corralones ya distribuían los soportes de hierro, que cuidadosamente empotrados junto a cada puerta, servían para sujetar los mástiles y soltar las banderas al viento. ¡Y que flamearan orgullosas desde la noche anterior, o aún desde el mismo momento en que se escucharan las salvas!

A las nueve y media de la misma mañana ¨… La Sociedad Argentina saldrá en corporación de su secretaría dirigiéndose al local de las sociedades Española e Italiana (5) a objeto de formar la columna cívica que deberá pasar a saludar a las autoridades locales…¨. Y este gesto está previsto para las diez de esa misma mañana del veinticinco. Después se le ofrecía un lunch a los representativos de las sociedades convocantes y convocadas en el Bar La Marina (6), y con las abdómenes algo más recuperados del madrugón, comenzaba la procesión cívica por las calles Humberto Primo, Bernardo de Irigoyen y Bernardino Rivadavia. Es decir, que a las once se tomaba el vermouth con ingredientes, y a las once y media se procesionaba bien entonado.

Previsiblemente los vecinos irían recogiéndose para almorzar junto con sus familias, o muchos tendrían programados asados, empanadas o locros en reuniones de varias familias. Tratárase del recreo de que se tratase, a la una y media de la tarde, todo el mundo debería estar frente a la plaza, porque por Irigoyen entre Brown y Murature se largaba la corrida de sortija y era cuestión de ver cuánto y qué bien se habían preparado caballos y paisanos, tanto gringos como naturales de la provincia. Entonces quedaban inaugurados también los juegos infantiles populares, entre los que siempre se prefirió el palo enjabonado, colocado del otro lado de la plaza, sobre la calle Rivadavia.

En el 56 fueran del turno que fuesen, todos tenían que estar en el acto de la escuela a las nueve de la mañana. Algunos progenitores acompañaban a los escolares, aunque nunca eran demasiado nutridas las visitas en días de festejo. Se cantaba y se bailaba sobre el escenario, adaptándose el programa al estado del tiempo y prefiriéndose esta vez el patio cubierto, o bien al año siguiente el entarimado en el descubierto. ¿Qué bailes? El pericón y la danza de las cintas eran números puestos. No podían faltar. Pero también se bailaban el cielito común y el cielito del porteño, la condición, el cuando, la sajuriana, alguna que otra zamba, alguno que otro bailecito. En los valseados, los varones bramaban haciendo enronquecer a las maestras y volviendo aún más trágico el fruncimiento de ceño de la señora directora.

El saludo a la bandera y el Himno Nacional coronaban el acto de los patriotas de la Sociedad Argentina Roque Sáenz Peña. Eso era a las cinco de la tarde. En el acto de la escuela, sin embargo, estos dos menesteres habían iniciado el festejo. La entrada de la bandera de ceremonias, que casi indefectiblemente llevaba una niña más almidonada que todos los demás, y los primeros acordes del himno acompañados por el rictus de firmes sin que vuele una mosca mientras el mástil de la bandera se apoyaba en el carcaj celeste y blanco, eran momentos francamente marciales.

Y en estos menesteres no valían los discos. El piano se había arrastrado hasta la cabecera de la formación, y la profesora de música lo aporreaba con notable energía y sin perderle detalle a las indicaciones de quien presidía ni más ni menos que esa parada militar.

En 1916, los patriotas terminaban con fuegos artificiales frente a la Plaza Belgrano. En 1956, como llevamos dicho, los alumnos salían a las corridas blandiendo entre sus dedos con o sin guantes, un dorado pancito de salud con rulo de crema pastelera bien amarilla. Si no en los guantes, en los dedos y en el bigote, el azúcar quemado hacía de las suyas.

El desfile, entonces, había sido a lo largo del patio descubierto. Y una vez que las formaciones de todos los grados, precedidas por la bandera de ceremonias y con las respectivas docentes cerrándolas, habían tomado ubicación en el patio cubierto, se entonaron las estrofas del himno. ¿O qué otra cosa puede hacerse con las estrofas que entonarlas? Distinto a otras veces en que la escuela salió a desfilar por el pueblo. O alrededor de la plaza, al menos.

Nada menos que en 1914, por ejemplo. Antes aún. Y cuando la Sociedad argentina Roque Sáenz Peña aún no había sido formada. Claro que ese fue justamente el año de la muerte de don Roque, Presidente él en ejercicio de sus funciones. ¿Y qué dijeron los diarios?

¨… El día 25 a las 9.30 am, quedó organizada la columna cívica, formada por los colegios 8, 20 y 99, Sociedad Italiana de socorros mutuos, Sociedad Española Estrella del Sud, Unión Altense y el pueblo que desfiló por la calle B de Irigoyen, al son de marcha ´viva la patria´ y otras marchas patrióticas (…) Llegados a la plaza, se congregaron alrededor de la pirámide de Mayo, a objeto de cantar el himno nacional acompañados por las bandas de música que formaban parte de la manifestación (…) Fue un momento sublime, pues los centenares de voces infantiles que entonaban nuestra canción patriótica, daban al acto un relieve difícil de describir (…) Terminado este acto subió a la tribuna el ciudadano don Luis Ciniselli que pronunció una arenga patriótica que tuvo la virtud de despertar nuevos entusiasmos y valerle una ovación (…) Terminada esta parte del programa, los colegios volvieron a desfilar por la calle B de Irigoyen y Humberto 1º hasta la Delegación donde fueron obsequiados con confites, masas, licores, etc. El señor E Zelaya presidente de los festejos, atendía personalmente a todo el mundo infantil que había invadido sus dominios con una gentileza digna del mejor elogio. Al medio día se sirvió en la misma delegación un almuerzo criollo, donde no faltó la tradicional carne con cuero…¨ (7).

¿Vé usted? Al menos entonces se salía a la calle con buenos argumentos. ¡Cuán diferentes en magnitudes y sabores son los modestos pancitos de salud y el buen asado con cuero! Tan diferentes, pensará más de uno, como don Roque Sáenz Peña y ¨el tirano depuesto¨. Y esto viene a cuento porque en pleno paseo del 25 de mayo de 1956 por la tarde, sobre Roca, a pocos metros de la esquina de Bernardo de Irigoyen, ha vuelto a instalarse el vendedor de almanaques, ese que pese a promediar el año, insiste con los que llevan las fotos en colores de Los tres grandes: Fangio, Perón y San Martín (8).

Con hervor de fe en sangre

Dice Maximiliano Mena Pérez, que ¨fervor¨ proviene de la palabra castellana ¨hervor¨. Y que a su vez, esta última procede del latín ¨fervor¨, ¨fervoris¨. Como en gráfica y sonido puede claramente interpretarse, viene aplicándose a un estado de ánimo en el que participa la fe… Y aunque por evolución natural, el ¨fervor¨ latino, pasó al ¨hervor¨ hispano, al intervenir la fe y experimentarse una especie de hervor en la sangre que otorgan los estados de ánimo cercanos al éxtasis, se sintetizó la voz ¨hervor de fe¨ (en la sangre), como ¨fe-hervor¨, es decir ¨fervor¨ (9).

Cosa práctica la etimología, cuando de conocer a un personaje histórico se trata. Y dicen que éste llevaba la fe burbujéandole en la sangre. Por lo que era ¨ferviente¨ en sus convicciones. Y se había propuesto ampliar la pobre representación política, hasta transformarla en un manto que cubriese a toda la población nativa. Que era ni más ni menos que expandir hacia el presente el espíritu de la Constitución de 1853, y que como cosa práctica significaba disponer de un día para el otro de una multitud fervorosa (no tanto como nuestro personaje, aunque bastante comprometida con la fe patriótica), que se ocuparía en edificarle más y más pisos y habitaciones a la patria.

Convengamos en que este fervor del que hablamos tenía bastante que ver con la pasión; se parecía a esa pasión práctica a la que nos había acostumbrado Sarmiento años antes, aunque descartada su segunda presidencia (10), había resultado necesario depurar el sentimiento, ennobleciéndolo, puliéndole mezquindades relativas a efluvios vitales de gauchos y de indios que alguna vez se habían destinado a abonar la tierra.

Y así, el fervor de Don Roque Sáenz Peña se comunicó a todos con extraordinaria facilidad, prendió con vitalidad de cardo pampeano. Para 1916 nos había cambiado el país que alguna vez pensaron Mitre y Roca. De allí el nombre que los pioneros del sudoeste bonaerense asignaron a su Sociedad ¨patriótica¨ argentina.

Aunque ese mismo año de 1916 fuera el de la elección de Hipólito Yrigoyen (11), fundador del personalismo en la nueva política y en el civismo de la segunda centuria, bien valía aquello de la emancipación de las ideas, que era la feliz representación de los hijos de inmigrantes.

¿Todos iguales? Todos los guardapolvos blancos, como el voto universal (masculinamente universal hasta entonces). Que resultaba un voto indiferenciado, gravitando su cabal peso específico, como se esperaba y como debía ser. Además, para que aquellos pioneros recién llegados a la madurez, eligiesen a don Roque Sáenz Peña como numen y estandarte, era sin duda porque el recién desaparecido Presidente había sido un líder juvenil indiscutible durante años. Que encendió amores y odios a su paso por la política y por la función pública, dueño de un fervor por definir y defender la libertad ideológica, de intensidades difícilmente igualables. Pese a que militó en el PAN (12), aunque se puso a la par del ¨burrito cordobés¨(12bis), aunque fue partícipe de la fiebre privatizadora y consecuentemente de la entrega al imperialismo inglés (13).

¿Y quién era Don Roque?

Fue una cuestión familiar esa de hacer pata ancha en el testimonio, de defender posiciones con sólido fundamento, encontrando siempre nuevas ideas, o novedosas vías para la expresión. Y de ser independiente a ultranza.

Porque recién nacido Roque (1851), sus abuelos materno Eduardo Lahitte (14) y paterno –homónimo- Sáenz Peña (15), diputados ambos de la legislatura porteña, suscribieron sus declaraciones de adhesión a Rosas, sentidas sinceramente como una urgencia, una vez conocido el pronunciamiento de Urquiza (16). Ni más ni menos que abiertos los ojos al comienzo de un período de proscripciones durante el cual tanto los abuelos como el padre de Roque Sáenz Peña (17), se mantuvieron distantes de la función pública. Hombres de probadas lealtades federales eran todos ellos.

Roque se matriculó en la carrera de Derecho en 1870, y siendo estudiante se enroló en el Partido Autonomista (18), como atento e inquieto observador de la realidad que era, impaciente por desempeñar en el mundo aquello para lo que había sido convocado. Hay hombres que desde muy jóvenes necesitan encontrar un puesto de lucha, una planicie en la que extender sus huestes, un valle sujeto por altas cumbres contrastantes, a veces amenazantes y otras veces aliadas. Éste era el caso de Roque, rápidamente distinguido entre los de su generación como clara luminaria.

Por eso, cuando estalló la revolución mitrista de 1874 (19), destinada a impedir que Avellaneda (20) asumiera el mando, Roque se alistó en el Segundo Regimiento, a las órdenes de Luis María Campos (21), y luchó con denuedo en defensa de la Constitución. Tanto fervor en la lucha mereció que derrotada la revolución, se le acordaran despachos de Segundo Comandante de Guardias Nacionales (22).

Con su tesis sobre ¨Condición jurídica del expósito¨ (23), Roque se recibió de abogado en 1875. Se ocupó de la política relegando el ejercicio de la profesión, y en 1876 fue electo Diputado a la legislatura de Buenos Aires, en representación del PAN. Fue Presidente de la Cámara, y difícilmente hubiera quien entonces pudiera contenerlo con mejores argumentos en deliberaciones, discusiones parlamentarias y fundamento del voto público. En 1878, sin embargo, movido por las disidencias partidarias, fruto de la política de conciliación que inició Avellaneda (24), y a la que Roque se oponía, renunció a su cargo y abandonó transitoriamente la actividad política.

¿Es que no podía quedarse quieto? Cuando en 1879 principió la guerra de Chile contra Perú y Bolivia (25), Roque Sáenz Peña tomó partido por las dos últimas. Y en la batalla de Tarapacá (26), muerto el jefe del batallón, Roque quedó al mando y consiguió rechazar a las fuerzas chilenas. Después, en el sitio de la guarnición de Arica (27), comandando la defensa de la plaza el Coronel Bolognesi (28), Roque fue uno de los escasos mil doscientos defensores, enfrentados con fuerzas chilenas compuestas por más de seis mil numerarios. Tras la derrota, Roque fue llevado prisionero a Chile, formándosele Consejo de Guerra, y recobró sólo tres meses después su libertad, merced a las gestiones del gobierno argentino.

Regresó a Buenos Aires durante la primera presidencia de Roca (29), y aceptó el cargo de Subsecretario de Bernardo de Irigoyen (30), entonces Ministro de Relaciones Exteriores. Pero le faltó paciencia. Sentía que debía concluir su formación, familiarizarse con la cultura y las ideas de su época, y a un tiempo vivir su vida con la intensidad de una aventura, como casi invariablemente hasta entonces había logrado. Viajó a Europa y allí permaneció dos años.

El protagonista

Los retornos han sido fructíferos en la historia nacional. Por lo que concretamente aportaron quienes regresaron, o por la luz conceptual que los retornos alumbraran. Y aunque empezó mal, el retorno de don Roque Sáenz Peña terminó con signo positivo.

Y no por lo que venía a concretar –su apoyo a la candidatura de Miguel Ángel Juárez Celman (31)-, sino por lo que sobrevino después de la caída del concuñado de Roca.

En 1887, Juárez Celman nombró a Roque Sáenz Peña como ministro plenipotenciario en Uruguay. Después, junto con Manuel Quintana representó al país en el Congreso Panamericano de Washington -1889- (32), en el que defendió el principio de inviolabilidad de los Estados y combatió el proyecto sostenido por la delegación estadounidense, relativa a crear una unión aduanera continental. La destacada actuación de Sáenz Peña, le valió su nombramiento como Ministro de Relaciones Exteriores, pero después de la Revolución del Parque (33), con su amigo Carlos Pellegrini (34) en la Presidencia, comenzó a cobrar inusitada fuerza la candidatura de Don Roque a la primera magistratura. Era el candidato de la juventud, con apoyo masivo en la Provincia de Buenos Aires. Para destruir la candidatura de Roque, Mitre –aliado de Roca- levantó la del propio padre: Luis Sáenz Peña. Entonces, para no aparecer como antagonista de su propio padre, Don Roque declinó su candidatura a las elecciones de 1892.

Luis Sáenz Peña nombró a su hijo Jefe del Regimiento de Guardias Nacionales, quien en junio de 1892 se sumó a la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, aunque poco después resignó ambos cargos para retirarse de la vida pública. Después de vivir una temporada en Entre Ríos, volvió a la metrópoli en 1895, y se asoció con sus amigos Carlos Pellegrini y Federico Pinedo (35), abriendo tardíamente un bufete de abogados.

En ocasión de la guerra que libró Cuba con España por su independencia y cuando los Estados Unidos amenazaban con la ingerencia militar, don Roque dictaba conferencias en las que fundamentaba jurídicamente su posición favorable a la no intervención. Después, en 1905, y en reconocimiento a su valiente actuación durante la guerra del Pacífico, don Roque fue invitado oficialmente por Perú para inaugurar el monumento a Blognesi. En uno de sus discursos, dijo nada menos que: ¨… El socialismo es un pleito que la sociedad moderna debe apresurarse a transar, aceptando lo que tiene de justo…¨. En 1906 el presidente Figueroa Alcorta (36) lo nombró enviado extraordinario a los actos a celebrarse con motivo de las bodas del rey de España, Alfonso XIII.

En 1907 fue designado para actuar al frente de las legaciones diplomáticas en Suiza e Italia. En Roma, fue instruido para representar a Argentina, junto con Luis María Drago, en la Segunda Conferencia Internacional de la Paz, celebrada en La Haya. Allí, ambos diplomáticos argentinos se declararon partidarios de la creación de la comisión de arbitraje. En 1910, todavía ejerciendo funciones diplomáticas lejos de Argentina, recibió la noticia de su proclamación como candidato a la presidencia.

La propuesta de don Roque, ampliamente conocida por cierto, abrió el camino de la democracia moderna en nuestro país y posibilitó el arribo al poder de los nuevos caudillos populares:

El voto obligatorio, un instrumento para nacionalizar a los hijos de los inmigrantes.

El voto secreto, medio para garantizar la libertad del elector.

La utilización del padrón (militar), asegurando la corrección de las nóminas de electores.

Los beneficiarios del viejo régimen fueron lógicamente tenaces opositores de don Roque. Ellos sabían que perderían sus posiciones de poder con las nuevas reglas. La curva ascendente de la llamada ¨Generación del 80¨ había alcanzado su punto de inflexión. La República Argentina fue una antes, y otra después de don Roque. La reforma se aprobó el 10 de febrero de 1912 por diez votos contra ocho a través de la Ley 8871, que se conoció desde entonces como Ley Sáenz Peña. El nuevo método democrático incluía el voto universal (sólo masculino y adulto), secreto y obligatorio.

Había abierto ¨… las compuertas que comprimían la voluntad popular para que una democracia orgánica pudiera labrar la felicidad de los argentinos…¨ (37).

Como si fueran sus hijos

Algo menos de dos años después de la muerte del Presidente, estos ciudadanos puntaltenses, casi todos hijos de inmigrantes, comprometidos ya con el socialismo o con la Unión Cívica Radical, salían en manifestación a congregar voluntades para celebrar un nuevo 25 de mayo, justo cuando se cumplía el centenario de la declaración de independencia.

El momento era sumamente propicio para principistas. Para las más finas lealtades. Para los sentimientos más altos e inspirados. Para educar a los que aún vestían guardapolvos. Para homenajear a la patria. Fueron ocasiones en que se dió rienda suelta al fervor patriótico, al mejor estilo de don Roque.

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(1) Puerta principal de la Escuela 99, de Punta Alta (Pcia de Buenos Aires).

(2) Proyector rudimentario de lámpara: siluetas recortadas en cartulina oscura y montadas sobre rollos de papel transparente ilustraban sugerentemente la historia que relataba el amplificador con música de fondo.

(3) Según el programa de actos celebratorios del 106 aniversario de la gesta del 25 de mayo de 1810, previsto por la Sociedad Argentina de Socorros Mutuos Roque Sáenz Peña.

(4) Los puntaltenses eran según puede comprobarse en la nómina de responsables de la Sociedad patriótica, un mosaico de orígenes: Antonio S Cartolano, presidente; Jacobo Van Rees, vicepresidente; Juan Di Tada, secretario; José Ferraris, prosecretario; Héctor Lacombe, tesorero; Lorenzo Brughetti, protesorero; Julián C Aguilar, Ramón A Barrera, Vicente A Fernández, Berecondo Salcedo y Antonio Abate, vocales. Pocas semanas después, ¨La Época¨ daba cuenta de la asamblea general ordinaria de la Sociedad argentina, y del nombramiento de la comisión definitiva, resultado decía de ¨votación secreta¨. La integración del órgano era la siguiente: Antonio S Cartolano, Presidente; Oscar B Silva, Vicepresidente; Feliciano Napal (hijo), Tesorero; Julio Maydagán, Protesorero; Elías Nelson, Secretario; Juan Lezcano, Prosecretario; Juan R Rivata, Pedro J Barrios, Ramón Barrera, Julián Aguilar, Manuel Güedes y Heriberto Heger, vocales. Entonces, la secretaría de la Sociedad había quedado instalada provisoriamente en una pieza cedida por el señor Napal en el Bar Londres.

(5) Señeras sociedades, que en Punta Alta aún tienen vida, como que representan a las dos corrientes inmigratorias de mayor importancia. Sus sedes están respectivamente en altos del Cine Español y del Teatro Colón.

(6) Después se llamó ¨Bar Central¨. Entonces el ¨Bar La Marina¨ era cinematográfico. Las proyecciones de películas mudas eran amenizadas por orquestas en vivo.

(7) ¨El Porvenir¨. Punta Alta, 29 de mayo de 1914.

(8) El régimen de la autodenominada ¨Revolución Libertadora¨ había prohibido toda mención al General Juan Domingo Perón.

(9) http://etimologias.dechile.net. El término ¨fervor¨, ha sido contribución de Maximiliano Mena Pérez.

(10) Mucho se ha escrito acerca de las maniobras de Roca, tendientes a evitar una segunda presidencia de Sarmiento. Resultaba necesario silenciar y morigerar las críticas formuladas por el propio Sarmiento, básicamente relativas a las maniobras del endeudamiento a través de empréstitos bochornosos. Y el socio Mitre, desde las páginas de La Nación, se encargaría de sepultar definitivamente las aspiraciones del ex presidente sanjuanino.

(11) Hipólito Yrigoyen (Buenos Aires, 12 de julio de 1853/ Ídem, 3 de julio de 1933). Político argentino, dos veces presidente del país (1916-1922 y 1928-1930) y figura relevante de la Unión Cívica Radical. Fue el primer presidente de la historia argentina, elegido por sufragio universal masculino y secreto. Llamado en realidad Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Irigoyen, fue el tercer hijo de Martín Irigoyen y de Marcelina Alem (hermana de Leandro N Alem). Según las investigaciones de Roberto Etchepareborda, el apellido original del caudillo –a diferencia del de Bernardo de Irigoyen- era ¨Hirigoyen¨, que significa ¨Ciudad de lo alto¨. En el país vasco-francés la ¨h¨ se aspira como en inglés, mientras que en el país vasco-español no se pronuncia, por lo que el apellido Hirigoyen probablemente tuvo su origen en Francia, mientras que sus variantes Yrigoyen e Irigoyen lo tuvieron en España. El dirigente radical utilizaba ¨Yrigoyen¨ e ¨Irigoyen¨ indistintamente. El uso de ¨Yrigoyen¨ fue una utilización política de la cuarta década del siglo XX. Gabriel del Mazo, dirigente de FORJA, recomendaba usar el ¨Yrigoyen¨ en contraposición del ¨Irigoyen¨ que utilizaban los sectores que respondían a Marcelo T de Alvear. En 1965, tras la investigación de Etchepareborda, la Academia Nacional de la Historia se pronunció por nombrar a Yrigoyen con la ¨y¨ inicial. A los efectos del presente trabajo, digamos que hacia 1889, cuando Yrigoyen se mudó a su propia casa frente a la Plaza de los dos Congresos, entabló una profunda amistad con dos amigos de su hermano, y que tendrían mucho que ver con los cambios institucionales que llevarían a Hipólito Yrigoyen a la Presidencia: Carlos Pellegrini y Roque Sáenz Peña. Fuentes: Félix Luna (¨Yrigoyen¨, Hispamérica, Buenos Aires, 1985) y Gabriel Del Mazo – Roberto Etchepareborda (¨La segunda presidencia de Yrigoyen¨, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1984). Véase también Instituto Nacional Yrigoyeneano: www.yrigoyen.gov.ar.

(12) PAN: Partido Autonomista Nacional. Fracción política conservadora-liberal que surgió en Argentina en 1880 e impulsó el Modelo Agroexportador. Estuvo fuertemente vinculada con la Generación del ´80, élite gobernante que desarrolló en ese modelo a Argentina como ¨granero del mundo¨, es decir como país proveedor de materias primas a gran escala. El país que entonces tenían los argentinos era el de ¨La gran inmigración¨, la Argentina agraria, pero también el país dependiente de las grandes potencias, porque salvo los frigoríficos no había industrias. Era el partido de Roca y de Juárez Celman, que expoliaba a los más pobres al punto de disponer reglas para la nueva esclavitud, que consagraba el poder de su clase sobre los cadáveres de miles de indígenas, morenos y mestizos. Era el partido de José C Paz, primer privatizador de la historia nacional. Y el partido al cual adhirieron, sin embargo, tanto Roque Sáenz Peña como Hipólito Yrigoyen. Por supuesto, desencatados, finalmente ambos abandonarían esa corriente política.

(12bis) Apelativo con el que se aludía al Miguel Ángel Juárez Celman.

(13) ¨Un grupo dirigente de terratenientes y de abogados, de mercaderes y de estadistas, construyó la Argentina del siglo XX. Se llamaron a sí mismos ´La Generación del 80´. Un gobernante posterior definió a aquéllos y sus descendientes como ´oligarcas´. Imbuidos de ideas europeas y viviendo de acuerdo con normas de vida europeas, los aristócratas de las pampas se enfrentaron, con éxito al principio, con centenares de miles de inmigrantes europeos…¨. Tomas F Mac Gann: ¨Argentina, Estados Unidos y el sistema interamericano, 1880-1914¨. Eudeba, Buenos Aires, 1960.

(14) Edurdo Lahitte, jurisconsulto argentino, fiscal de cámara, fue representante de la legislatura de la Provincia de Buenos Aires. Continuó después su participación política como Autonomista hasta los acontecimientos del 11 de setiembre. Padre de Cipriana, que casada con Luis Sáenz Peña, fue la madre de Roque.

(15) Roque Julián Sáenz Peña, fue miembro de la Cámara de Justicia y representante de la legislatura de la Provincia de Buenos Aires durante el período rosista. Casó con María Luisa Dávila y Luque, cordobesa descendiente de familia de conquistadores. De este matrimonio nació Luis Sáenz Peña.

(16) Ocurrió el 1º de mayo de 1851, cuando Justo José de Urquiza se pronunció en franca rebeldía contra Rosas en la localidad entrerriana de Concepción del Uruguay, aceptando la renuncia que el Gobernador ofrecía del cargo de Encargado de las Relaciones Exteriores, y diciendo: ¨Declarando solemnemente a la faz de la República, de la América y del mundo que, en vista de la actual situación física en que se halla el Sr Gobernador y Capitán General de Buenos Aires, brigadier don Juan Manuel de Rosas, no le permite por más tiempo continuar al frente de los negocios públicos, dirigiendo las relaciones exteriores y los asuntos de Paz y Guerra de la Confederación Argentina; que con repetidas instancias había pedido a la legislatura de aquella provincia se le exonerase del mando supremo de ella, comunicando a los gobiernos confederados su invariable resolución de llevar a cabo la formal renuncia de los altos poderes delegados en su persona por todas y cada una de las provincias que integran la República; que reiterar al general Rosas las anteriores insinuaciones para que permaneciese en el lugar que ocupaba era faltar a la consideración debida a su salud y cooperar también a la ruina total de los intereses nacionales que él mismo confesaba no poder atender con la actividad que ellos demandan, que era tener una triste idea de la ilustrada, heroica y célebre Confederación Argentina el suponerla incapaz, sin el general Rosas a su cabeza, de sostener sus principios orgánicos, crear y fomentar instituciones tutelares, mejorando su actualidad y aproximando su porvenir glorioso, reservado en premio a las bien acreditadas virtudes de sus hijos; y, en vista de otras no menos grandes consideraciones, es la voluntad del pueblo entrerriano: 1) Reasumir el ejercicio de las facultades inherentes a su territorial soberanía, delegadas en la persona del Exmo Señor Gobernador y capitán general de Buenos Aires en virtud del tratado cuadrilátero de las provincia litorales, fecha 4 de enero de 1831; 2) Y que una vez manifestada así la libre voluntad de la provincia de Entre Ríos, quedaba ésta en aptitud de entenderse directamente con los demás gobiernos del mundo, hasta tanto que, congregada la Asamblea nacional de las demás provincias hermanas, fuese definitivamente constituída la República…¨. Fuente: Sierra, Vicente D ¨Historia de la Argentina¨, Unión de Editores Latinos, Buenos Aires, 1960.

(17) Luis Sáenz Peña. Nació en Buenos Aires el 2 de abril de 1822. Hizo sus estudios primarios en la ciudad natal y luego ingresó a la Universidad de Buenos Aires. La vocación lo llevaba a las leyes, pero aceptó las preferencias paternas por la medicina, que estudió también bajo la dirección de eminentes profesores como Claudio Mamerto Cuenca y Teodoro Álvarez, junto a Guillermo Rawson y José María Bosch. A los veintiún años terminó los cursos de cirugía y en 1843 se graduó de doctor en jurisprudencia con su tesis de derecho civil sobre ¨La mujer no puede renunciar los gananciales en beneficio del marido durante el matrimonio¨. Con él se graduaron también Bernardo de Irigoyen, Rufino de Elizalde, Federico Pinedo, Delfín Huergo y otros jóvenes de gran futuro. No tuvo actuación pública durante los gobiernos rosistas y sólo después de Caseros (5 de febrero de 1853), el gobierno lo incluyó en una comisión de pagadores de la plana mayor del Ejército. En 1860 formó parte de la Convención de Buenos Aires, encargada de la reforma de la Constitución. En esa histórica asamblea sostuvo, contra el parecer de la mayoría, el principio de la incorporación lisa y llana de Buenos Aires a la Confederación. Continuó ocupado en sus estudios hasta 1870, en que fue elegido senador a la Legislatura de la Provincia de Buenos Aires. En 1873 fue elegido diputado nacional por su provincia, desempeñando al año siguiente la presidencia de la Cámara de Diputados de la Nación. En 1874 asumió la vicegobernación de la Provincia de Buenos Aires, integrando la fórmula con el gobernador Carlos Casares. Concluído el período constitucional volvió a ocupar una banca en el senado provincial. Durante los sucesos de junio de 1880 resultó electo diputado al Congreso Nacional, banca que ocupó hasta 1882, cuando fue nombrado vocal de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, de la que llegó a desempeñar la presidencia. Con motivo del traslado de las autoridades gubernamentales a la ciudad de La Plata, renunció al cargo (enero de 1885). Al proclamarse la candidatura presidencial de Bernardo de Irigoyen, Sáenz Peña adhirió al movimiento popular que la promovió en oposición a las de Juárez Celman y Dardo Rocha. Sucesivamente desempeñó la presidencia del Banco de la Provincia y de la Municipalidad de Buenos Aires, la dirección de la Academia de Jurisprudencia y una vocalía en el Consejo General de Educación. Con motivo de los acontecimientos del año 1890 actuó en la comisión pacificadora que negoció la capitulación. Derrocado el presidente Juárez Celman, su sucesor, el doctor Carlos Pellegrini, lo nombró el 13 de diciembre, Ministro de la Suprema Corte de Justicia. La política llamada del Acuerdo, o sea la unión de los partidos Autonomista Nacional, a cuyo frente estaba Roca, y la Unión Cívica Nacional, que recibía las inspiraciones de Mitre, proclamó su candidatura para la presidencia de la República y la del doctor José Evaristo Uriburu como vicepresidente. Reunio en asamblea el Congreso Nacional, según el resultado obtenido en las elecciones que se llevaron a cabo en 1892, proclamó a ambos después de obtener 210 y 216 votos, respectivamente. De este modo, el doctor Sáenz Peña ascendió a la presidencia el 12 de octubre de 1892. Fueron sus primeros ministros Manuel Quintana (Interior); Tomás M de Anchorena (Relaciones Exteriores); Calixto de la Torre (Instrucción Pública y Justicia); Benjamín Victorica (Guerra). En un ambiente político de enconos, latente la amenaza de un movimiento subversivo, desde el principio advirtió que no tendría la colaboración que tanto había solicitado y que le había sido prometida. El obstruccionismo de los partidos políticos y la indiferencia de las fuerzas independientes, le privaron de los resortes indispensables para realizar una labor eficaz. Entre las obras de mayor trascendencia de su período, se mencionan la apertura de la Avenida de Mayo, terminada en 1894, y la firma del protocolo adicional y aclaratorio al Tratado de 1881, que contenía provisoriamente las dificultades de límites con Chile. Varió en cuatro oportunidades la composición de su ministerio. Tras afrontar con evidente patriotismo y desinterés la difícil situación política creada por los partidos opositores, encarando los más arduos problemas que conmovían a la opinión pública, se vio obligado a dimitir ¨movido por altos sentimientos patrióticos¨(22 de enero de 1895). La renuncia fue aceptada el mismo día por el Congreso con sólo un voto en contra, el del doctor Indalecio Gómez, diputado por Salta. Reemplazado el mismo día por el vicepresidente, doctor José Evaristo Uriburu, vivió desde entonces apartado de los negocios públicos. Sólo se lo vio aparecer en las magnas asambleas nacionales cuando fue necesario el consejo de hombres eminentes de la República, como cuando recrudeció el peligro de guerra con Chile (1902) y para la reunión de notables que eligió al doctor Manuel Quinana, su ex ministro del Interior, para la presidencia de la Nación (1904). El doctor Sáenz Peña falleció en Buenos Aires el 4 de diciembre de 1907, a los 85 años de edad.

(18) El Partido Autonomista fue fundado por Adolfo Alsina, como contrapartida del Partido Nacional de Bartolomé Mitre.

(19) Revolución Mitrista de 1874: Avellaneda contaba con la mayoría de las provincias y aunque tenía en Buenos Aires cierto prestigio en sectores de la juventud y sumaba amigos de importante posición, no disponía de elementos suficientes para constituir una fuerza de regular importancia. Todo dependía entonces de las uniones políticas que pudieran concretarse a medida de que se avanzara en el proceso electoral. Así las cosas, los tres clubes autonomistas de Buenos Aires –Comité Electoral, Comité Electoral de la Provincia de Buenos Aires y Comité Electoral Argentino- invitaron para proclamar al doctor Adolfo Alsina como postulante a la presidencia de la Nación. El 1º de febrero de 1874 se realizaron elecciones de diputados nacionales en todo el país, sólo dos meses antes de integrado el Colegio Electoral que designaría al nuevo Presidente. En Buenos Aires venció el Autonomismo, pero en el interior los partidarios de Avellaneda triunfaron en diez provincias. Esto selló la suerte de la candidatura de Alsina, quien comprendiendo la evolución que se estaba produciendo, admitió que una fórmula presidencial convenida entre ambos partidos podía ser la base de la conciliación de los dos principios y las dos entidades geográfico-económicas en pugna. Así, sin abdicar del programa republicano-federal, renunció a su candidatura y se plegó a la de Avellaneda. Antes consiguió, sin embargo, colocar a un hombre de su confianza –Mariano Acosta-, entonces gobernador de Buenos Aires, como candidato a ocupar la vicepresidencia de la Nación. El 12 de abril de 1874 la fórmula Avellaneda-Acosta triunfó en once provincias, pero fue derrotada en Buenos Aires, donde dos meses antes los alsinistas reunieron mayor cantidad de intenciones. La reacción de Mitre fue casi inmediata, siendo sin embargo prontamente derrotado en La Verde, y debiendo relegar desde entonces nuevas aspiraciones políticas. Fue condenado a prisión por un tribunal militar, aunque indultado por Avellaneda.

(20) Nicolás Avellaneda, el gran promotor de la inmigración, la universidad pública y la federalización de Buenos Aires, nació en Tucumán el 3 de octubre de 1837. Cursó Derecho en Córdoba pero no se graduó; de regreso a su provincia fundó el periódico El Eco del Norte y en 1857 se trasladó a Buenos Aires, donde trabajó como periodista en El Nacional y en El Comercio del Plata, fundado en Montevideo por Florencio Varela durante la época de Rosas. Terminó también sus estudios de Derecho y en el ejercicio de su profesión conoció a Sarmiento con quien mantuvo una estrecha amistad. En 1868, electo presidente el sanjuanino, Avellaneda fue su Ministro de Justicia e Instrucción Pública. En 1874 fue electo presidente y sofocó el levantamiento del candidato derrotado: Mitre. En 1876 Avellaneda promovió la sanción de la Ley de Inmigración, conocida como Ley Avellaneda, que aparecía como una promesa interesante de tierras y trabajo para los campesinos europeos. Y así, en pocos meses, duplicó el flujo inmigratorio. A través del ministro de Guerra, Adolfo Alsina, el gobierno de Avellaneda impulsó la campaña al desierto para extender la línea de frontera hacia el Sur de la Provincia de Buenos Aires. Electa ya la fórmula que se haría cargo del ejecutivo –Roca-Madero- se produjeron los hechos del 11 de setiembre, por los que Avellaneda debió trasladar la sede del gobierno nacional al pueblo vecino de Belgrano, hasta tanto se produjo la rendición de las fuerzas rebeldes de Carlos Tejedor. Fuente: www.elhistoriador.com.ar

(21) Luis María Campos, militar y político argentino (1842-1907). Participó en la Guerra del Paraguay. En 1870 y 1873 actuó contra las fuerzas rebeldes del general López Jordán. Durante la presidencia de Roca y de Figueroa Alcorta se desempeñó al frente del Ministerio de Guerra y Marina.

(22) La Guardia Nacional estaba integrada por fuerzas no regulares, que eran convocadas ante emergencias nacionales o bien destinadas a las posiciones de defensa en fronteras.

(23) ¨… Muchas veces pensé en conjeturar sobre la necesidad psicológica que impulsa a los hombres a estudiar determinadas carreras, también en descubrir la trama oculta de su corazón al elegir su tesis. ¿Qué impulsa a este porteño cabal, de acomodada posición social y económica, a estudiar la situación del desamparado, del huérfano, del ´guacho´ (en términos gauchos), es decir, del ilegítimo? A mi entender, muchas personalidades sobresalientes argentinas prefiguran su futura dirección espiritual en estas tesis jurídicas o médicas…¨. Martín Güemes (h): ¨Roque Sáenz Peña: Demócrata, Republicano, Liberal y Nacional¨. En www.clubdelprogreso.com

(24) Líder de una alianza política cada vez más poderosa, Avellaneda inició su gestión con lo que llamó ¨la conciliación nacional¨, destinada a terminar con los conflictos entre los partidos. Amnistió a los revolucionarios mitristas. Como consecuencia de esta política, una parte del mitrismo y del autonomismo alsinista se sumaron a la coalición oficial. Entre los autonomistas, un grupo liderado por Leando N Alem y Aristóbulo del Valle se negó a aceptar el acuerdo y fundó el Partido Republicano. El oficialismo, formó el Partido Autonomista Nacional (PAN), llamado a hegemonizar la política argentina por casi tres décadas. Fuente: Wikipedia.com.

(25) Guerra del Pacífico (1879-1884): Fue el conficto armado que enfrentó a Chile con Perú y Bolivia, también conocido como ¨Guerra del Salitre¨. A mediados del siglo XIX, el desierto de Atacama había adquirido gran valor económico debido al descubrimiento de valiosos yacimientos de guano y posteriormente de salitre. Ambos, entonces, con buen precio en el mercado internacional. Existen discrepancias entre los historiadores bolivianos y chilenos con respecto a si el territorio de la Audiencia de Charcas (primero dependiente del Virreinato del Perú y luego del Virreinato del Río de la Plata), disponía o no de litoral marítimo. Apoyándose en diversos documentos, los bolivianos insisten en que lo tenía; los chilenos, por su parte, lo niegan o lo ponen en duda. Al crearse la República de Bolivia en 1825 –iniciamente se denominaba ¨República de Bolívar¨- el libertador define una salida al mar por Cobija (Puerto La Mar); sin embargo, gran parte de la explotación económica de esa zona costera fue llevada a cabo por empresarios chilenos en condiciones, según algunos, exageradamente ventajosas. Antes del inicio de la guerra los respectivos presidentes eran Hilarión Daza (en Bolivia), Aníbal Pinto Garmendia (en Chile) y Mariano Ignacio Prado (en Perú). Las Repúblcas de Bolivia y de Chile habían suscrito dos tratados de límites (1869 y 1874) y un protocolo complementario (1875), los que habían ratificado y canjeado solemnemente en Santiago y La Paz. Fuente: www.wikipedia.com

(26) La batalla de Tarapacá fue una acción bélica que se desarrolló en la localidad homónima, el 27 de noviembre de 1879, durante la campaña terrestre de la Guerra del Pacífico. Se entrentaron fuerzas chilenas y peruanas, saldándose la batalla con la victoria de estas últimas. Fuente: www.wikipedia.com

(27) Episodio conocido como ¨mártires combatientes del morro de Arica¨. Fue una acción bélica en la que participaron militares y civiles peruanos defendiendo una posición estratégica de los invasores chilenos.

(28) De antepasados italianos, el coronel Francisco Bolognesi había nacido sin embargo en Perú y servido a su ejército de línea desde su juventud. De esmerada preparación, había conocido los ejércitos europeos e hizo estudios detenidos sobre armamentos. En el episodio de la resistencia de los combatientes del morro de Arica, el militar contaba setenta y un años de edad.

(29) Primera Presidencia de Julio A Roca: 12-10-1880/ 12-10-1886. Sucedió a Nicolás Avellaneda y Precedió a su propio concuñado, Juárez Celman.

(30) Bernardo de Irigoyen (Buenos Aires, 18-12-1822; ídem, 27-12-1906): Fue abogado, diplomático y político. Dos veces Ministro de Relaciones Exteriores, en 1874 y 1882 y una vez Ministro del Interior en 1877. En 1898 fue elegido Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Fue dos veces candidato a Presidente de la Nación, en 1885 y en 1891, y dos veces senados nacional en 1895.

(31) Miguel Ángel Juárez Celman (Córdoba, 29 de setiembre de 1844/ Arrecifes, 14 de abril de 1909). Fue abogado y político. Su carrera estuvo marcada por la influencia de su concuñado Julio Argentino Roca, quien lo impulsó a la carrera legislativa. Fue un destacado defensor de la separación de la Iglesia y el Estado, y un liberal de corte aristocrático, que fomentó la educación pública y la inmigración, para corregir lo que consideraba ¨el turbio entendimiento¨ del pueblo argentino. Fue Presidente de la Nación desde el 12 de octubre de 1886. Desde la función pública impulsó generosamente la obra pública, pero fue incapaz de mantener la estabilidad económica y debió hacer frente a la formación de un poderoso frente opositor bajo el liderazgo de Leandro N Alem, que daría origen a la Unión Cívica. Luego de la denominada Revolución del Parque, y pese a su éxito en las armas contra los sublevados, debió dimitir y se retiró definitivamente de la vida política. Alguien dijo entonces que la revolución había sido vencida, pero que el gobierno estaba muerto… Fuente: Wikipedia.com

(32) Los comentarios de Roque Sáenz Peña en el seno del Congreso fueron realmente proféticos. No sólo dieron comienzo al enfrentamiento entre Estados Unidos y Argentina, sino que fueron luego confirmados a lo largo de la historia de las relaciones bilaterales. Desde la óptica de Sáenz Peña, la iniciativa de una unión aduanera iba contra las ´naturales´ leyes del mercado y del libre cambio. Incluso el delegado argentino comentó que la reciprocidad comercial planteada en la propuesta norteamericana podía ser interpretada no en términos de reducción tarifaria –como argumentaba la delegación logal- sino como ´tarifas de represalia´. Fuente: Historia General de las Relaciones Exteriores Argentinas. www.argentina-rree.com.

(33) La Revolución del Parque, también conocida como Revolución del 90, fue una insurrección cívico militar producida en Argentina el 26 de julio de 1890 dirigida por la recién formada Unión Cívica que lideraba Leandro N Alem, Bartolomé Mitre, Aristóbulo del Valle, Bernardo de Irigoyen y Francisco Barroetaveña, entre otros. La revolución fue derrotada por el gobierno, pero de todos modos llevó a la renuncia del presidente Juárez Celman, reemplazándolo el vicepresidente Carlos Pellegrini.

(34) Carlos Enrique José Pellegrini (Buenos Aires, 11 de octubre de 1846/ Buenos Aires, 17 de julio de 1906). Abogado y político, fue Senador Nacional, Diputado Nacional, Vicepresidente de Argentina en 1886-90 y Presidente en reemplazo del renunciante Juárez Celman en 1890-92. Personaje contradictorio como pocos, así lo describe Mauricio Lebedinsky en ¨La década del 80 – Una encrucijada histórica¨ (Editorial Siglo XX, Buenos Aires, 1967): ¨… Pellegrini (…) mitrista; alsinista en el Congreso; proclamando a Tejedor contra Avellaneda; ministro de Avellaneda; opositor de Roca hasta querer transar con los sublevados de Buenos Aires; rechista enemigo de Rocha; ministro de Roca; porteñista exaltado; vicepresidente de Juárez; aliado de los mitristas, ¡usando sin miramientos todos los colores del camaleón!, como lo retrata El Mosquito…¨. Fuente Wikipedia.com.

(35) Fundador de una estirpe de políticos y economistas que llega hasta nuestros días.

(36) José Figueroa Alcorta (Córdoba, 20 de noviembre de 1860/ Idem, 27 de diciembre de 1931). Abogado y político, que ejerció la Presidencia de la República entre el 12 de marzo de 1906 y el 12 de octubre de 1910. Hijo de José Figueroa y de Teodosia Alcorta, fue tomado como rehén durante la revolución radical de 1905. Asumió la primera magistratura en 1906, ante el fallecimiento de Manuel Quintana, de quien era vicepresidente. Tuvo serios problemas para lograr apoyo en el Congreso, al que finalmente clausuró en 1908. Buscó un acercamiento con los radicales, indultando a los detenidos por el intento de golpe de 1905, y preparó el camino para los drásticos cambios electorales de Roque Sáenz Peña. Los grupos anarquistas se mostraron activos en numerosos atentados durante su mandato, llegando a matar al jefe de policía Ramón Falcón, asesinado por el anarquista Simón Radowitzky en 1909 como venganza por la criminal represión ejercida por la policía durante las protestas del 1º de mayo. Fuente: Wikipedia.com.

(37) Del artículo publicado por Carlos Ibarguren en La Nación, al día siguiente de la muerte de don Roque, el 10 de agosto de 1914.


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