El Independiente

José María Vargas Vila

¨…y victima pasmada de mi propio espejismo,

voy arrastrando víboras que muerden mis talones…¨

Charles Baudelaire, de ¨La Voz¨

1. Un mandato

¡Qué dos versos desgarradores los epigrafiados! ¡Pero describen una sensación que más de una vez viví! ¡Esas bocas, esas bocas abiertas que me han hecho sangrar! ¡Si no fuera por la fe que me rescató del derrape!

En esta última semana he meditado profundamente sobre dos cuestiones. Un tema es la violencia, y el miedo en los hombres que la descargan. El otro tema es la independencia intelectual, que es lo mismo que preguntarme si estoy en condiciones de defender mi legado. Parado ante la intemperancia, frente a las agresiones de quienes todavía tienen mucho por ocultar, mirando en dirección al miedo de quien se siente mi enemigo, reflejado en el espejo ondulado con que me enfoca la sociedad en su espectro completo…

Por lo que en los últimos siete días efectivamente he experimentado al caminar el doloroso arrastre de sendas víboras gordas y pesadas, que hicieron presa de mis talones. Tal cual lo tiene dicho el más grande de los malditos. ¿Cuál ha de ser mi batalla? ¿Cuáles las armas -esas armas celestiales, digo- que derroten sin matar a nadie? ¿En qué orden las palabras, y por cuáles altavoces?

Esta experiencia no es solitaria. Los tiempos se repiten; la cronología es en realidad un paño sin fondo ni perspectiva.

Escuchen por favor lo que decía André Breton (1), en albores de la segunda posguerra:

¨Todo lo que sabemos es que estamos dotados hasta cierto grado de la palabra y que, por ella, algo grande y oscuro tiende a expresarse a través de nosotros, y que cada uno de nosotros ha sido elegido entre mil para formular lo que debe ser formulado. Es una orden que hemos recibido de una vez para siempre, y que no hemos tenido nunca ocasión de discutir…¨ (2).

Una orden o un mandato, es cierto, que seguramente tendrá que ver con aquello para lo que mejor dotados hemos llegado a nuestros mundos. Pero son discutibles las cualidades que del mandato se predican; no siempre es demasiado grande, porque no dejan de ser meritorias múltiples contribuciones modestas. Tampoco es por lo general demasiado oscuro el mensaje transcurridos los años… La energía y la luz que acumulamos al alcanzar la madurez pueden aclarar el horizonte al punto de hacerlo más rápidamente descripto y por ende abrazado.

(Théophile) ¨… Gautier(3), contemporáneo de Baudelaire(4), aunque mayor que él, pensaba que el poema ideal era el más claro. Cuanto más difícil la materia, mayor necesidad de oficio. Para él, hombre poco complicado, un pensamiento tan complejo como el de Baudelaire sería por fuerza un desafío a la claridad…¨. Y en la misma sintonía, los siguientes versos de Paul Verlaine (5), en traducción de Manuel Machado:

¨…Es también menester que no vayas

a escoger la letra sin alguna sorpresa:

nada más grato que la canción gris

en la que se junta lo Indeciso con lo Preciso…

—————————————————-

¡Coge la elocuencia y retuércele el pescuezo!

Harás bien, dispuesto a la energía

en hacer de la rima algo más sensato,

pues si esto no se cuida, ¿dónde irá a parar?¨.

La claridad, entonces. La claridad, como si no estuviera jamás dicho aquello de que la realidad es una infinita gama de grises, pensamiento que en verdad comienza a fastidiarme por su tenaz negación de los blancos. ¡Que todavía existen, y nos permiten diluir la confusión! Y además, de regreso a convenir que el tiempo es el mismo, y estas traiciones, estos golpazos que me pegan vaya a saber desde dónde aunque sepa para qué, comenzaron con Adán y tienen a mis nietos haciéndoles aguante. Fijarse, si no, en lo que decía García Lorca (6):

¨El juez, con guardia civil,

por los olivares viene.

Sangre resbalada gime

muda canción de serpiente.

-Señores guardias civiles:

aquí pasó lo de siempre.

Han muerto cuatro romanos

y cinco cartagineses¨.

Romanos como si hubiera; cartagineses como si Aníbal dirigiese un ejército de fantasmas. Porque ante las presiones, ante la violencia que expresa el odio universal, ante la discriminación que es siempre desamor, los tiempos no existen. O estamos siempre en otro tiempo, en una dimensión uniforme, inmutable, que existe en las constelaciones y ahora parece ir adentrándose en nuestros mundos.

¡Ah! ¡Y la libertad intelectual! ¡Que es nuestro gran tema, desde que titulé este artículo con las palabras ¨El Independiente¨!

Este de la independencia intelectual es un terreno sagrado. Una capilla privada, porque sólo yo entro. Lo malo es que otros quieren entrar conmigo, otros quieren profanar ese lugar en el que sólo yo soy soberano. Es una cosa muy seria defender la independencia intelectual. Sólo en ella se explica con natural lógica la teoría de la propiedad, eso del dominio sin restricciones. Sólo sobre esta soberanía –inmaterial, por supuesto- puede construirse una teoría social del género humano.

La entrada de los profanadores se produjo el pasado dieciséis de agosto. Ellos mostraron sus armas y simplemente comunicaron qué querían. Esta es mi respuesta a capilla cerrada; mañana la conocerán.

2. Su primer discípulo (¡no significa que fuera el mejor…!)

Yo y mi circunstancia explican todo decía Ortega (7). Y agrego ahora: más mis lecturas. Porque: ¿Qué sería yo, y cómo explicaría lo que veo que sucede y lo que a mí mismo me pasa, si no es a través de mis lecturas? Esto explica, quizás, la melange -8- que reina en la primera parte de este artículo.

Pero puedo asegurarles que mis lecturas llegaron al extremo de la urgencia cuando me acometió el siguiente texto de Edwin Muir (9):

¨Nada había allí, al parecer, entre ellos y la tumba.

No, al mirar, nada se veía allí en parte alguna.

Dijérase que no había en el mundo suelo más pobre y desolado que /aquél:

ni montículo, ni joroba, ni arbusto enfrentábanse allí al horizonte.

Y sin embargo, a eso llamaban aquéllos su tierra.

Sin la menor angustia respiraban aquel aire

tan vacuo y enigmático como la misma muerte.

Esto, esto era que nada había allí excepto fe.

Si, la fe lo llenaba todo, todo lo que podían ver u oir,

todo lo que pudieran tocar o pensar, iluminando

sus vidas y su ser con una nueva aurora cada día.

Les bastaba abrir los ojos, y todo se transfiguraba:

en tanto que, entre ellos y la muerte, seguía el mundo dando /vueltas.

¡Qué maravilla! ¿Acaso este inglés apoyó su lira sobre los ojos de Charles Darwin? ¡No! ¡Si fue muy posterior! Lo cierto es que entre verso y verso pude ver a mi abuelo, Antonio Salvador Cartolano, recién llegado a Punta Alta, enfrentado a ese terreno arenoso, paupérrimo, casi como una marisma o repositorio de cangrejos, en el otoño de 1909, recorriendo el terreno sobre el cual levantaría su casa colonial, en pleno médano de la calle que luego se llamaría Ingeniero Luiggi en homenaje a su amigo y admirado paisano.

Don Antonio había nacido hacía veintiocho años, justo en el momento en el que se levantó la farola monte hermoso –primer vigía de nuestro litoral marítimo-, once años después del último malón y del fin de la guerra de la triple alianza, cincuenta y tres años después de la fundación de Bahía y sólo uno más desde la gran entrada del Cacique Venancio, sus cristianos aindiados y sus indios cristianizados. Nació en Benito Juárez, seis años después de la llegada de mis bisabuelos y cinco después de la muerte a causa de la fiebre tifoidea de su hermana mayor –María-. Y llegó a la reciente Uriburia y temprana Punta Alta, un año antes del centenario, once años después del inicio de las obras de la base naval militar, de la llegada de Luis Luiggi y del inicio del éxodo de Ancalaos, Antenaos y Linares, un año solamente después de concluída la pretendida campaña del desierto, un mes y medio después del nacimiento de su primogénito y apenas un año y días contados desde su matrimonio con Antonia Moronell.

Hacía dos años que Alfredo Palacios había pasado por Bahía Blanca pacificándola, el mismo tiempo que la Subprefectura disparara sobre el ataúd de uno de los anarquistas muertos en el gran paro de los portuarios y obreros del riel que después se nacionalizó entumeciendo primero y despertando después a los sindicatos. Don Antonio había nacido en plena consolidación del gran fraude, cuando abandonada toda política que rescatase al aborigen y protegiera sus bienes, la tierra se marchanteaba (10) entre los poderosos. ¡Y qué pocos eran! Entonces casi todos eran mitristas; socialismo y anarquismo eran cosa de los inmigrantes italianos y españoles que llegaban a raudales, como habían desembarcado mis bisabuelos después de viajar gratis, atraídos por las ofertas de trabajo que les permitirían comer diariamente.

Don Antonio, mi abuelo, nació cuarenta y siete años después del gran empujón de Rosas y de la corrida a Chocorí y Sayweque; cuarenta y ocho años después de que Argentina perdiera las Malvinas y que casualmente Darwin llegara al litoral atlántico argentino y visitara la marisma sobre la que él se paraba aquél día de 1909. Y llegó a Punta Alta diecinueve años después de la revolución armada de los boinas blancas, que gran cantidad de inmigrantes apoyaron. Cuando ya era frecuente desconfiar de los Estados Unidos del Norte, lectores como eran de Vargas Vila (11) y Máximo Gorki (12) los jóvenes progresistas radicales.

Recibido de martillero en 1904 pensó en hacer carrera donde más podía necesitárselo: en Punta Alta. Entonces concibió un periódico, que editó en el pueblo entre 1908, a un año de radicarse definitivamente, y 1910, cuando consideró íntegramente editada su prédica.

El periódico se llamó ¨El Independiente¨, y no sólo reflejaba las aspiraciones de don Antonio, sino las de una gran cantidad de jóvenes de su generación. La generación del centenario. Ellos estaban sólo donde había que hacer y sabían cómo hacer. Independientes en criterio, libres de espíritu, intelectualmente insobornables.

Desde 1913 el abuelo militó en la Unión Cívica Radical; su carnet era el número 853 del comité bahiense, siendo Secretario General entre 1916 y 1920; luego vicepresidente del comité y convencional por la sexta sección en 1925. Entre 1918 y 1919 fue secretario del Juzgado de Paz de Punta Alta, y desde entonces hasta 1923 valuador de rentas de la Provincia. Fue secretario de la primera comisión Pro Autonomía en 1911. Durante doce años seguidos, presidente de la Sociedad Italiana Unión y Progreso, siendo autor intelectual y ejecutor de las obras del Teatro Colón. Fue presidente de la Comisión Pro Templo en el mismo momento en que se colocaba la piedra fundamental de la iglesia de la calle Rivadavia. Fue presidente fundador de la Sociedad Argentina de Protección y Ayuda Mutual. También fundador y presidente de las Cooperadoras de las Escuelas 99 y 20. Fue condecorado en 1939 con la distinción más alta que acuerda el Centro de Martilleros de Hacienda y Bienes Raíces de la Capital Federal, al cumplir treinta y cinco años en la profesión. Eso fue ocho años antes de que yo naciera. Miren qué lejos estaba yo del mundo todavía, y don Antonio tenía su vida recorrida de ida y de vuelta.

Imagínenselo. Parado, erguido como la farola de las rocas, atemporal ciertamente. Aunque hayamos llenado esta página de fechas y cálculos.

Pero la gran campaña la había hecho desde las columnas de ¨El Independiente¨. Ya todo el pueblo lo conocía, y él era columna vertebral de cualquier iniciativa que naciera de la civilidad. Por eso, ¨El Independiente¨ fue su primer discípulo, una lumbre temprana. Por lo general, los profetas primero anuncian y ejecutan; después, cuando algunos aprenden o copian, comienzan a pregonar los discípulos. Pero en Punta Alta, mi abuelo hizo las cosas al revés; empezó por formar un discípulo y el mensaje se multiplicó, abriendo todas las puertas. Con total claridad… y sin que importara el tiempo.

Después abrió su casa de remates en la calle Humberto Primo, y justo enfrente se ubicó la carpintería del tío Nicola. La familia lo rodeaba. Don Antonio era promotor de sobrevida en la nueva tierra.

3. Leyendo a José María Vargas Vila

Insisto en que don Antonio no era de mucho leer. Ni de leer largo o acostado. Él tenía sus horarios, el sillón de cuero marrón y apoyabrazos lustrados con la lámpara de pie en lo alto. La Nación y La Nueva Provincia todos los días. Caras y Caretas; después, cuando dejó de aparecer, encuadernó la publicación en tomos por años y releía de tanto en tanto. Esto es, como si fuera necesario prepararse para lo que pudiera suceder mañana, y quiénes mejor informados que los periodistas de Buenos Aires. El Hogar y El Mundo Argentino quedaban para la abuela, apenas si repasaba los títulos que podían leerse en la tapa y las primeras páginas. El tiempo restante era para Vargas Vila. El libraco de tapas duras, encuadernación entelada, con un ramo de flores grabado y pintado a mano en su frente.

¨He aprendido a comprender que a estas repúblicas las matan no las doctrinas conservadoras sino los intereses, la ambición y la codicia que se ocultan tras la fachada de la tradición y las buenas costumbres. La enfermedad que corrompe el cuerpo social no es la miseria sino el miedo. Cuando nadie se atreve a decir la verdad y todos huyen al chocar contra ella, la sociedad se lanza por un precipicio. En Colombia sólo tienen cabida el bufón y el canto adulador de los juglares al servicio de los tiranos de turno. Si por azar del destino lleva hacia aquellas geografías a un hombre capaz de develar tanta ignominia, todos le vuelven la espalda; los periodistas pagados por los poderosos, impiden que su verbo candente llegue hasta la multitud. Sin embargo, no hay nadie que no declare vivir esperando una revolución…¨ (13).

El miedo que corrompe. La hipocresía. Poderosos que manejan al periodismo. Aunque todos se declaren revolucionarios. Todo esto me suena familiar, demasiado actual. Vargas Vila fue un personaje polémico, con ideas próximas al existencialismo, es decir un verdadero adelantado para su época. Él mismo se declaró anarquista y defendió toda causa y personaje que favorecieran la libertad y la justicia para los pueblos, especialmente latinoamericanos. Discriminado, desterrado, perseguido y amenazado de muerte, sin poder regresar a su país durante décadas, embajador de Ecuador antes que de Colombia…

Fue amigo de Martí y manifiesto enemigo de los Estados Unidos, país del que fue expulsado después de publicar Ante los bárbaros.

Ahora que releo a Vargas Vila me impresionan su valentía y su franca actualidad. ¡Hasta lo encuentro fisonómicamente parecido a mi abuelo! ¿Ambos se habrían propuesto lo mismo? Los dos construyeron baluartes intelectuales y los defendieron con sus vidas. Al colombiano le costó toda una vida que le dejasen arar una parcela de jóvenes rebeldías. Don Antonio se conformó con un pequeño pueblo de la Provincia de Buenos Aires, al que moldeó y puso a caminar.

Ambos, Vargas Vila y don Antonio, se pusieron al servicio de la verdad. Los desveló la suerte de tantas víctimas de la sociedad moderna. Hoy no se consiguen obras de Vargas Vila en las librerías, y pocos saben en Punta Alta quién fue don Antonio.

Ambos, Vargas Vila y don Antonio, murieron con lo mínimo. Después de ellos, nadie discutió opíparas herencias materiales. Sin embargo, hoy los cenáculos releen al colombiano y yo cuento con un vasto legado intelectual.

Ellos, los que acusan, son los que tienen miedo. No yo…

Carlos Enrique Cartolano

cecartolano@hotmail.com

carloscartolano@gmail.com

-1- André Breton. Francés, 1896-1966. Fundador del surrealismo, y autor del ¨Manifiesto Surrealista¨ (1924).

Aunque fuera un teórico insobornable, impecable conductor de soñadores en el sentido más completo de la palabra, al término del camino y comenzando la declinación del movimiento eran necesarios los inventarios sinceros. Entonces, André Breton debió admitir que pese a que la mayoría de los poetas franceses de válida voz se hubiera formado en el surrealismo, la escritura automática no había producido grandes textos.

-2- Texto de 1959, citado por J M Cohen en ¨Poesía de nuestro tiempo¨, Breviarios del Fondo de Cultura Económica, México 1963.

-3- Théophile Gautier. Francés, 1811-1872. Aunque partícipe del romanticismo, su obra se refirió después al parnasianismo, del que fue fundador, así como al simbolismo y al modernismo.

-4- Charles Baudelaire. Francés, 1821-1867. Fue uno de los poetas malditos, y quien más impacto tuvo en el simbolismo francés.

-5- Paul Verlaine. Francés, 1844-1896, hijo de un capitán de la armada, al igual que su amigo Rimbaud. Colaboró con el primer ¨parnaso contemporáneo¨, y se sumó a los poetas simbolistas y decadentistas franceses. ¡Oh, los poetas malditos! Ora Verlaine acogotando a la elocuencia; ora Rimbaud injuriando a la belleza.

-6- Federico García Lorca. Español, 1898-1936. Representante de la generación del 27, uno de los poetas de mayor popularidad en su país. Mártir de la guerra civil, junto con Miguel Hernández y otros intelectuales que abrazaron las ideas republicanas.

-7- José Ortega y Gasset. Español, 1883-1955, filósofo español, principal exponente de la teoría del ¨perspectivismo¨. Entre otras cosas nos dijo que nos atuviésemos a las cosas, que –en pocas palabras- los argentinos detuviésemos nuestro vuelo sin rumbo.

-8- En francés moderno, mélange es un sustantivo que se refiere a una mezcla o revolu, especialmente de productos químicos y también digeribles tales como el vino o el café. Melange es también una palabra prestada en el inglés, con el mismo significado. Mélange es la forma moderna del sustantivo en francés antiguo meslance, que viene del infinitivo mêler, significando mezclar. También se puede encontrar la palabra ¨mescolanza¨, en el español, que también quiere decir ¨mezcla¨ o ¨revoltijo¨. En suma, que más arriba, nuestro texto debería haber incorporado el término ¨mescolanza¨, no tan elegante pero sin dudas nativo.

-9- Edwin Muir. Inglés, 1887-1959. Tuvo una difícil infancia en los barrios pobres de Glasgow (¿similares a la Punta Alta natal?). Su poesía marca la transición entre el modernismo de Eliot y de Pound y el tradicionalismo insular de los miembros del Movimiento. Su obra poética completa fue publicada en 1952. Es autor de varias novelas, entre las que destaca La marioneta (1927). Realizó las primeras traducciones de Kafka al inglés. El fragmento publicado pertenece a There is nothing there but faith (¨Nada existe sino la fe¨).

-10- El término no es propio. Fue acuñado por el Comandante Prado (¨La guerra al malón¨), para dar a entender el escaso ¨criterio nacional¨ con el que se repartieron las tierras al término de la conquista del desierto. Lo que es lo mismo que decir, el marcado ¨criterio corporativista¨ con el que se repartieron las tierras.

-11- José María Vargas Vila. Colombiano, 1860-1933. Escritor y pensador antiimperialista, anarquista, iconoclasta, de quien se consideró adepto don Antonio.

-12- Máximo Gorki. Ruso, 1868-1936. A la encuesta de ¨Caras y Caretas¨ de 1910, Máximo Gorki contestó diciendo: ¨… Estoy persuadido de que en un porvenir más o menos cercano –tal vez en el siglo XX-, los españoles de la América tendrán que soportar un vivo ataque, punible y hostil, del capital de la América del Norte (…) No es necesario ser profeta para emitir esta opinión, pues ésta surge de toda una serie de hechos reales y de cargos concretos. Además está basada en la necesidad histórica que tiende siempre a encadenar al hombre con las fuerzas ciegas y terribles del oro…¨.

-13- José María Vargas Vila. Fragmento de ¨La semilla de la ira¨.


3 comentarios to “El Independiente”

  1. Hola, estoy investigando sobre el diario el Independiente. ¿Como Podría contactarme con vos? Muchas Gracias.

  2. Estoy buscando el diario “La Nueva Comuna” de Punta Alta. ¿Dónde lo busco?

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