Indios amigos

por Carlos Enrique Cartolano – Ituzaingó, junio de 2008 – carloscartolano@gmail.com


¨Hasta ahora los gobiernos no han hallado

el modo de civilizar a los pobres patagones,

y ni siquiera han hecho la prueba…¨

San Juan Bosco -1878-

¨En cuanto a mis ideas sobre este punto, hélas aquí en pocas palabras:

garantizarles todo lo que traigan, ofrecerles terrenos para sus

toldos y algunas raciones, pero con la condición precisa e indispensable

que han de venir a establecerse al lado del pueblo nuevo,

para tenerlos a mano

y sin perjuicio de degollarlos a todos en una noche…¨

Emilio Mitre en carta a su hermano Bartolomé (1855)

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La escena transcurre en Río Negro. Una revista de Buenos Aires encuentra a la heredera de Catriel, machi o hechicera de los indios azuleños, Bibiana García, o Duguthayen; errante entre otros pampas, no está afincada, no manifiesta proyectos comunitarios. Le obedecen unos novecientos indios fuertes y grandotes; también la sigue su marido, una especie de príncipe consorte sin decisión propia. El diálogo improvisado que recoge el periodista de fines del siglo XIX es el siguiente:

¿Qué querés?

Venìa a verla, doña Bibiana, para retratarla a usted y a su familia…

¿Detratar… Y pa qué?

Para enseñarle al país quién es usted… y que vive…

¿Quién está país?

El gobierno

¡Ah, güeno…! Mejor sería que darte mi tierra pa mis indios. Nosotros dueños tierra no tenemos y los gringo llenitos.

¿Sí? Ahora le van a dar…

¡Linda tierra pa morir! ¡Agüita, nada! (1)

¿Indios amigos? ¿A qué amigo se lo empuja hasta la tierra árida, sin agua? ¿A qué amigo se lo humilla, se lo discrimina, se lo corrompe? Y sin embargo, aunque ha quedado comprobado que los gobiernos dispusieron el exterminio de los pueblos originarios de Argentina, la categoría ¨indios amigos¨ es un lugar común en el contexto de fundación de poblaciones, durante el período en que las fronteras culturales y polìticas viboreaban incansablemente desde Buenos Aires hacia el sur y hacia el oeste.

Nos disponemos a echarle una nueva mirada –una mirada crítica, claro- al origen del pueblo natal, Punta Alta, lo que supone revisar la historia de Bahía Blanca y su Fortaleza Protectora Argentina. Y en la focalización de esta categoría de ¨indios amigos¨, contemplaremos la realidad histórica y destino final de las familias aborígenes que sirvieron al mantenimiento y defensa de la frontera.

Se trata, entonces, de los tehuelches deviniendo en aucas y de los voroganos (2) patriotas aquerenciados, unos y otros resultando ser mal llamados pampas que denunciaron ¨suertes de estancias¨ en proximidades del fuerte antecesor de la ciudad hoy llamada Bahía Blanca. Los gobiernos necesitaron contar con indios amigos en proximidades de las defensas de frontera para infiltrar, descomponer, falsear la incorporación social a cambio de oportuna información, para defender la posición empuñando con experiencia las mismas armas que los atacantes. ¿Todo esto? Y mucho más: dos culturas enfrentadas. Paisanos e invasores, lo que es lo mismo que decir: aborígenes y ocupantes ilegítimos. O víctimas del latrocinio y escamoteadores. O defensores de la tierra y ocupantes asesinos. La amistad con los indios, síntesis de este análisis histórico –o de otros similares-, supuso requerirles traición y traicionarlos después. Los pactos mezquinos ralearon las filas de los defensores indígenas, plagándolas de traidores. Y a un mismo tiempo, los ¨indios amigos¨ fueron vanguardia en la defensa de la fortaleza, ¨carne de cañón¨, tropa condenada al exterminio. Repito: traicionar a los suyos y después ser traicionados. Sentencia de muerte colectiva: ¡genocidio!

En ese mismo lugar en que a fines del siglo XIX se despojó a dos familias aborígenes fundadoras de sus pobres tierras para instalar la base naval militar, llamada Puerto Belgrano, funcionaron centros clandestinos de detención unos ochenta años después. Entonces, volvió a enseñorearse la traición, la sentencia tramposa, la muerte. Se atentó nuevamente contra la vida, disponiéndose la exclusión de un significativo número de personas (3).

Al estudiar lo sucedido con los aborígenes, se nos presenta la oportunidad de señalar similitudes con los planes de exterminio cifrados por la dictadura militar en los años setenta. Ojalá esta coincidencia sirva también para despertar conciencias, agilizar investigaciones y trámites judiciales. Para poner luz finalmente sobre las responsabilidades de secuestros, torturas y asesinatos en centros clandestinos de detención que funcionaron en la base de infantería de marina, conocida como Baterías.

Para arribar a las radiografías de Venancio, Ancalao, Antenao, Linares y los solitarios, primero estudiaremos los orígenes étnicos. Después perfilaremos a los personajes del drama, y finalmente afrontaremos el nudo histórico en el cual estos aborígenes fundadores de Punta Alta quedaron cautivos.

1. La cultura que identificaron como ¨barbarie¨

Se calcula que nuestras pampas fueron pobladas hace once mil años, como parte de un proceso de ocupación del territorio americano que comenzó entre veinte mil y treinta mil años atrás, con dirección norte a sur. Por lo tanto, cuando se iniciaba la conquista en el Río de la Plata, se interrumpía un proceso de –al menos- diez mil quinientos años. Los pueblos originarios vieron en los españoles a sus lares, un regreso esperado de los dioses, la venganza de sus demonios o gualichos, o simplemente la interrupción del equilibrio, de un orden, de la paz. Sintetizando: allí arriba vivían ellos –decían los mapuches, refiriéndose a sus dioses-, hasta que llegó el blanco y los mató.

El yacimiento de Arroyo Seco es un documento de lo sucedido entre finales del pleistoceno e inicios del holoceno, cuando los climas se tornaron más cálidos y húmedos, y el hombre llegó a nuestra región acompañado por animales de áreas subtropicales como el guanaco. Se desarrollaron después otras criaturas, como el venado de las pampas, el ñandú, el armadillo, el coipo o nutria y varios roedores, además de felinos y zorros.

Merced al incansable trabajo de los arqueólogos, ahora llega hasta nosotros información bastante amplia de la gran nación tehuelche, compuesta por bandas de cazadores y recolectores, con sus raspadores y sus raederas. Tehuelches que comprendieron varios pueblos: los aónikenk o meridionales (aóniken, penken) también llamados patagones, que se ubicaban al sur del río Chubut; los guénena-kene, o septentrionales (Gününa Küne ó Guenena Ken o Güenaken), al norte del mismo río; los chulila-kene, o andinos, bordeando la cordillera prioritariamente en la región del comahue y los onas (selknam y haus) de Tierra del Fuego.

Esta clasificación en pueblos de la nación tehuelche reemplaza a los muchos nombres que usaron cronistas y estudiosos refiriéndose a esta misma etnia: patagones (todos los tehuelches o sólo los meridionales); pampas (tehuelches septentrionales); chonekas o chónik (equivalentes a patagones); puelches (parcialidad de los tehuelches septentrionales); taluhet, diuihet y cechehet: querandíes.

Los tehuelches septentrionales que desde el siglo XVI iniciaron un movimiento migratorio sur-norte, penetraron en las pampas bonaerenses y llegaron hasta la capital del virreinato con su familia querandí. Y los mapuches, o aucas, que al mismo tiempo desarrollaron migraciones de dirección sudoeste a noreste, traspusieron la cordillera e invadieron las planicies cuyanas y centrales. Estos últimos traían un legado valioso: el idioma, que en menos de doscientos años se enseñoreó en toda tribu aborigen desde Buenos Aires hasta el sur patagónico, desde la cordillera hasta el litoral atlántico. Los aucas, o pueblo ¨bravo¨, llamaron tehuelches a los extranjeros ¨ariscos¨ que les presentaron batalla en las llanuras orientales. Y si bien los mapuches eran más pequeños y débiles, su bravura y mayor número, les permitió dominar al cabo de una centuria a los tehuelches fornidos y de gran estatura. Pero aún así, tomaron a las mujeres tehuelches, distinguiéndolas por su belleza, por lo que tras la síntesis étnica se habló más de tehuelches araucanizados que de aucas tehuelchizados (4).

Mientras tanto, el hombre blanco avanzaba hacia ellos amenazándolos: ¨… Nuestras culturas originarias vivieron afanosamente. Con cada salida del sol, la vida comunitaria volvía a ser posible y el destino colectivo era un proyecto por el cual valía la pena ser un hombre de este lugar del mundo. Pero un día el sol se detuvo. Y todos quedaron inmóviles. En algunas regiones los vieron; en otras, más adentro del continente, los presintieron: habían llegado otros hombres, de otras tierras, desde muy lejos. Habían venido hasta ellos. Algunos transportaban la muerte. Otros, simbolizaban dioses; hasta traían animales jamás vistos. Hablaban otra lengua. Tenían otro color de piel. Y otra vestimenta. Y otra forma de caminar. Venían desde más allá de las aguas interminables. De otro mundo. Y continuaban viniendo. Habían llegado hasta ellos, irremediablemente, a quedarse para siempre…¨(5).

En su interacción con los invasores blancos, se fueron definiendo las distintas parcialidades de que dan noticia las crónicas oficiales y de viajeros. Los pampas fueron primordialmente tehuelches y los ranqueles, tehuelches en mayor grado de araucanización. Los salineros fueron mapuches, primordialmente de tribus pehuenches y huilliches en estado puro, las más indómitas e ingobernables de las que encontraran los invasores. Los manzaneros o mapuches orientales, los primeros aucas que pisaron territorio ahora argentino entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, responsables de la extinción de los tehuelches andinos. Y los voroganos, o vorogas, mapuches del sur del actual Chile, procedentes de Temuco y zonas lacustres sureñas. Ya desde el período colonial, las etnias se mezclaban con sus periódicos intercambios a ambos lados del arroyo Cahapaleoufú, en una ¨gran feria¨ a la que concurrían tanto chilenos como argentinos. ¨… Araucanos con sus tejidos, los tehuelches, patagones y ranqueles con sus peleterías y sal (…) cuyos artículos compran los pampas, haucaces y peguenches, en posesión de ganados vacunos y caballares, adquiridos los más por robos a los hacendados fronterizos…¨(6).

¨… Los españoles penetraron, ocuparon y poblaron las regiones de la montaña y el litoral, pero no la llanura (pampa, patagonia y chaco) y el extremo sur, que por distintos motivos se convirtieron en ámbitos inaccesibles. Quedaron como propiedad de las culturas originarias, que las defendieron durante tres siglos más, contra los propios españoles de la colonia, los virreyes, y el estado argentino…¨ (7). ¿Y como eran esos ¨salvajes¨ que tenían su reducto en las llanuras bonaerenses? A los atributos y características tan conocidas por todos, tales como la tez cobriza, la fuerte complexión física, el cabello negro y largo cortado en cuadro sobre la frente y colgando sobre los hombros, tanto en hombres como en mujeres, Cunninghame Graham agrega que nuestros aborígenes tenían la mirada inquieta, siempre fija en el horizonte ¨… como si temieran algo…¨(8).

En 1535 se había fundado Nuestra Señora de los Buenos Ayres, pero esta primera población rioplatense, cuna del tango y del compadrito, fue asediada desde el primer día por los querandíes, que destruyeron los puestos de avanzada que rodeaban la ciudad, forzando su evacuación. Pese al monumental fracaso del gran ¨adelantamiento¨ de Pedro de Mendoza, por la llanura se dispersaron cerca de cien yeguas y caballos, legado de los españoles en retirada. Cuarenta y cinco años después, cuando Garay dispuso reincidir con la ciudad a orillas del gran río, las caballadas habían ocupado toda la extensión de la llanura bonaerense, después de reproducirse multiplicándose a un ritmo sorprendente e inesperado. Sin duda, el terreno que se le ofrecía a los nobles animales era el ideal. Los guerreros tehuelches habían estado esperándolos; aprendieron a domarlos y montarlos, y a partir del caballo su cultura sufrió una completa transformación.

Los ingenuos tehuelches cazadores de a pie fueron reemplazados por soberbios guerreros ecuestres. Mantuvieron las boleadoras, pero el arco y flecha, arma de caza revelada por Elal (9), fue trocada por la lanza. Fue con ella que acostumbraron a chuzar a sus víctimas desde el lomo de sus cabalgaduras. A los primeros gobiernos criollos, se les presentaba este primer personaje; con él inventarían a los ¨indios amigos¨.

Y en las salinas grandes de la actual provincia de La Pampa, despuntaba el segundo personaje: Calfucurá, quien al morir en 1873 dijo: ¨No entregar Carhué al huinca…¨. Y esa era su última voluntad. ¿Quedaba alguna duda? El cacique siempre había pensado que el triángulo imaginario Carhué – Choele-Choel – Salinas Grandes, era estratégico para mantener el dominio indígena de la pampa y la patagonia. ¨… Salinas Grandes era el centro del poder polìtico (Calfucurá estaba allí). Choele-Choel era el paso natural ideal para los arreos, que eran trasladados a Chile para su venta; Carhué era la puerta de entrada al territorio libre. Por eso defenderlo era vital…¨(10).

Este segundo personaje, que provocó todas y cada una de las medidas defensivas (mantener la propiedad de las tierras y de los ganados; salvaguardar la ruta de la sal) y agresivas (llevar la frontera cada vez más al sur y al oeste) de los gobiernos argentinos hasta finales del siglo XIX, no aceptaba la amistad. Y mucho menos esa amistad hipócrita y tragicómica que había propuesto el blanco. Calfucurá redujo el tema de los indios amigos a una sola palabra: ¨culmehuinca¨, término que no se ha traducido, pero que tiene seguramente un significado bastante más fuerte que ¨traidores¨.

¿Pero còmo va a ser amigo de Calfucurá quien pretende dejar sin tierra y sin comida a todo ser viviente con apariencia humana que se mueva por las pampas? ¿Puede ser acaso este cristiano mi otro yo? (11). Reflexiones que había hecho conocer a todos; predicó a oriente y occidente, o si se prefiere, a diestra y siniestra. Ejerció con notable maestría la oratoria, tan importante entre los aucas como entre los romanos, ya que solamente a través de ella alcanzarían prestigio (12). ¿Qué opinar del contenido de esta arenga de Calfucurá, producida frente a los caciques aucas en 1853?: ¨… Violando sagrados pactos, pasaron los cristianos la frontera del Salado. Ved estos fuertes en Azul, Mulitas, Bragado, Federación y Bahía… Los huincas están en continuo avance. Cuanto menos nos cuidemos, nos quitarán la última tierra, nuestras familias y haciendas en Carhué y Leuvucó. Oíd, vuestras familias en manos de los huincas. Con un poco de yerba y vino vinieron a engañarnos… Aquí los pelearé yo. Os invito a formar una fuerte e invencible Confederación…¨(13).

2. Originarios, fronteras, mestizaje, intermediarios culturales

Las migas inaugurales se hicieron durante la primera invasión inglesa. Los aborígenes tomaron la iniciativa, por lo que su actuación fue absolutamente espontánea. Y bien diferente de la amistad que bastante después ofrecieran los gobiernos bonaerenses. En oportunidad de la primera invasión inglesa, si bien no intervinieron activamente, los originarios bonaerenses sellaron una paz provisoria con los ranqueles de las salinas grandes para atender en forma conjunta cuanto les solicitara el cabildo porteño. ¿Bárbaros? ¿Salvajes, y tan solidarios? Después, y hasta tanto los ingleses fueran rechazados en el segundo intento de invasión, vigilaron las costas anoticiando a la población de Buenos Aires sobre cualquier novedad.

Entonces, la población del actual territorio nacional llegaba a las 400.000 personas. De ellas, unos 200.000 eran aborígenes. La mitad restante se componía de blancos, mestizos y africanos o hijos de africanos. La población de color era importante en ese tiempo (14). Pero lo concreto era que porcentaje tan trascendente de ¨la voluntad popular¨ bien justificaba representación y disposición legal… En 1810 y por iniciativa de Mariano Moreno se promulgó el decreto de igualdad jurídica de los nativos, incorporándoselos a los regimientos de criollos sin distinciones. Después llegó 1813, y la Asamblea determinó la supresión de la encomienda, la mita y el yanaconazgo. Sin esclavitud ni servidumbres, al menos legalmente, los cristianos deberían tratar a los originarios como hermanos.

El ejército de los Andes se nutrió de buena cantidad de aborígenes. San Martín había recibido a los caciques y les habló a través del lenguaraz (15) Guajardo: ¨Los he convocado para hacerles saber que los españoles van a pasar del Chile con su ejército para matar a todos los indios y robarles a sus mujeres e hijos. En vista de ello y como yo también soy indio, voy a acabar con los godos que les han robado a ustedes las tierras de sus antepasados, y por eso pasaré los Andes con mi ejército (…) Debo pasar los Andes por el sud, pero necesito para ello licencia de ustedes que son los dueños del país…¨(…) ¨… Los jefes indios prorrumpieron en alaridos y aclamaciones al ´indio´ San Martín, a quien abrazaban prometiéndole morir por él…¨(16).

El afán integrador que se advertía en la actitud sanmartiniana fue afín con la postura de Belgrano en el Congreso de Tucumán; la mitad de los ejemplares de la Declaración de Independencia fueron impresos en quichua, aymará y guaraní. En la misma sintonía actuaron en esos primeros años Castelli, Moreno, Dorrego y García.

Al momento de la fundación del fuerte del Tandil, eslabón terminal en 1822 de la línea de destacamentos de frontera, los indígenas de las bahías anegadas buscaban refugio primordialmente en las serranías de la ventana (17). En el casuatí -18- guarecían sus caballadas, su ganado, y disponìan de manadas solvajes moviéndose por las faldas de las sierras para continuar guanaqueando. Las piedras del lugar les permitían fabricar sus raspadores, sus raederas, sus boleadoras. En las planicies circundantes todavía era posible bolear ñandúes.

Hasta allí llegó el Coronel García, después de que el cacique Cayu Pulqui de Mulpunleufú (ahora Estación Irene) lograse el consentimiento de varias tribus para realizar un parlamento de caciques destinado a ajustar una paz duradera. La columna tehuelche estaba integrada por Llampilcó, Camilié, Sebastián y Napolo; estaban también los pampas amigos Juan Catriel y Juan Manuel Cachul (19). El encuentro se celebró en las márgenes del Sauce Grande, en cercanías de Sierra de la Ventana, pero fracasó porque lo que querían los hombres del gobierno no tenía nada que ver con lo que defendían los antiguos.

El blanco deseaba la propiedad jurídica de las tierras y de los semovientes. El indígena sólo pensaba en recuperar su libertad, porque todo lo que alcanzara su vista era legado de Elal. Disponía ahora de las nuevas especies que su dios ponìa en las llanuras interminables. Los caballos y los bovinos, como los ñandúes y los guanacos, eran propiedad de quien los veía, los contenía, los arriaba y los disponía para su provecho y alimentación.

Por eso, en el parlamento de 1822 quedó muy claro que las parcialidades indígenas no aceptaban las fortificaciones en las sierras del Tandil o Volcán, como así que exigían el retiro de las que se encontraban del Salado al sud, incluyendo la ya antigua Carmen de Patagones (20). Es decir que los caciques pretendían remover todo lo que obstaculizara la vista, mientras que los invasores blancos estaban más dispuestos que nunca a desarrollar su negocio. Y éste era arbitrar tierras y ganados; y en esta prosecución, el indio era un escollo al que se debía contener y arrinconar para dejarlo quieto; después era menester eliminarlo, desde el primero al último, y estuviera donde estuviese: próximo, escapado o distante. Y parecía un camino más corto aquel que aprovechando la ignorancia y la ingenuidad del indígena, lo corrompiese, lo envileciera, le quitara los deseos de defenderse, de continuar siendo libre, dueño y señor de la pampa.

¿Cómo explicar si no esta inteligente observación de uno de tantos viajeros que recorrían la pampa por aquellos años?: ¨… Nada revela mejor la superioridad de una raza sobre otra que lo siguiente: los indios poseen todavía un territorio mucho más extenso que el poseído por los habitantes de raza española; eso no obstante, reciben como limosna el auxilio que se les presta, cuando con sólo imitar lo que hacen sus dominadores podrían ser igualmente ricos en vacas y caballos…¨(21).

A los parlamentos de García y alguna que otra torpeza rivadaviana, sucedió ¨el negocio pacífico de los indios¨, puesto en práctica por Juan Manuel de Rosas. Consistió en un complejo conjunto de vinculaciones entre autoridades porteñas o bonaerenses y agrupaciones indígenas. Permitió la amistad interesada entre sujetos culturales distintos. A partir de la dádiva engañosa ofreció al gobernante una explotación sutil del indígena, y desembocó, como dijimos antes, en la traición lisa y llana. Junto con las dádivas llegaron las lacras que permitirían arrinconar al aborigen: la enferma ambición de poseer como el cristiano, pero con un bagaje cultural absolutamente distinto; los vicios, como el tabaco y el acohol siempre disponibles; el hipócrita sentimiento de poder que producìa vestir un uniforme militar que el gobernante obsequiaba como una broma; el preconcepto que como una verdadera sentencia condenatoria y metajurídica pendìa sobre todos y cada uno de los indígenas: ¨peligroso, delincuente y ladrón¨.

Sí que estos ¨indios amigos¨ fueron convenientes para los gobiernos. La entidad ¨frontera¨ variaba notablemente desde la primera mitad del siglo XIX. En aquellas primeras décadas de gobiernos criollos, las fronteras parecían ¨porosas¨ y se caracterizaban por el intercambio que realizaban distintos grupos étnicos (22). Los ¨indios amigos¨ aparecían entonces en momentos de drástica movilidad fronteriza, para posibilitar el diálogo interétnico, conciliándolo. Las fronteras eran dinámicas, móviles, por lo general polìticas, y no necesariamente ajustadas a lo que las comunidades indígenas buscaban o necesitaban. A las fronteras naturales se sucedieron las de ¨sucesivas avanzadas de la civilización¨, seguramente artificiales y que cada tanto requirieron mudanzas, traslados de tolderías y cambios drásticos en las condiciones de vida e intercambio (23). Estas fronteras permeables, que posibilitaron enormes cambios del mundo entonces conocido, tuvieron en los indios amigos una bisagra que combinó realidades diversas y permitió la síntesis en tiempo récord. El ¨colchón¨ cultural que supuso esta frontera de indios amigos posibilitó decodificar necesidades, intereses y remedios para grupos adversarios, y pudo ser oficial u oficioso; queremos decir que hubo intermediadores culturales previamente seleccionados por las avanzadas porteñas (caciques, personeros aborígenes destacados) o bien criollos y lenguaraces comedidos, no necesariamente tehuelches, aucas, o mestizos, que por una o más razones compartieron estas realidades diversas. Ambas variantes compusieron la diplomacia disponible.

Con la decantación de las polìticas rosistas, se generó una corriente de comunicaciones y hasta un lenguaje propio: el de los caciques tehuelches, pampas, ranqueles o mapuches, el de los renegados o refugiados tierra adentro (24), y el de los lenguaraces –por lo general aindiados o cautivos liberados-. Los cacicatos del llano desempeñaron la importantísima función de obtener y distribuir la información que encauzó las políticas gubernamentales (25). Tal era el mayor de los éxitos esperables por Rosas y otros latifundistas bonaerenses con bastante por arriesgar, pero muchísimo más para acrecer.

El tono paternalista y al mismo tiempo coercitivo de Rosas remedaba no solamente textos borbónicos del siglo XVIII dirigidos a poblaciones aborígenes en similares circunstancias, sino también textos de otros gobiernos coloniales de la época, en los que parecía aplicable esta fórmula de las dos caras de la moneda cuando era imposible o inconveniente doblegar a los legítimos aunque incómodamente rebeldes dueños del país… Claro que el paternalismo que para los jefes criollos suponía dominación sin alternativas, representaba también para los aborígenes el derecho a reclamar perdón, misericordia y tolerancia (26).

¡Y qué ingenuidad la de nuestros nativos! Creyendo en la buena voluntad de cuantos los encandilaran para quitarles sus posesiones, o bien para utilizarlos como escudos humanos. Naturalmente bondadosos y compasivos, como lo demostraban en el trato de sus familias, en el dominio que alcanzaban sobre sus caballos a fuerza de ser sus amigos incondicionales. Ilustrando este retrato de pura ingenuidad, Alberto Sarramone nos regala un enternecedor relato originado en 1860 en George Claraz, un intelectual suizo que vivía a orillas del Napostá, cerca de Bahìa Blanca, y que fue después uno de los viajeros observadores de la realidad pampeana. Este hombre había enviado a un indiecito a la población con el encargo de algunos mandados, pero el comedido encontró todo cerrado por tratarse de viernes santo. Al regresar, el indiecito preguntaba: ¨¿Es cierto que han puesto preso al Dios de los cristianos, y que lo han castigau y clavau vivo en una cruz? ¿Qué… no tenía cuchillo para defenderse? Yo los hubiera acuchillau a todos…¨(27).

De todos los caciques ¨informantes¨, tres se destacaban como los más cercanos a Rosas. Se trataba de Catriel y Cachul, en el cantón Tapalqué y Venancio (Coñuepán, Coñoepán o Coñhuepán), en las proximidades de Bahía Blanca. Para ellos eran los mejores regalos, cumplimiento estricto en la entrega de raciones y hasta adicionales que podían asumir el carácter de regulares. Venancio, por ejemplo, recibía regularmente de manos del Comandante de la Fortaleza Protectora Argentina, mil pesos en billetes de diez y de veinte, así como seis reses para su consumo personal. Dichas entregas se hacían ¨a solas¨ con el citado cacique y sin que pudiera enterarse ¨su indiada¨. Y con la confianza y el culto del privilegio, las partes abandonaron el paternalismo y los reclamos de misericordia al semidios respectivamente, para iniciar el trato de hermanos y amigos. Que realmente lo fueran es otra cuestión.

En el trabajo de Silvia Ratto, que venimos siguiendo, se transcribieron historias de vida documentadas por el Diario de Bahìa Blanca (28), que a nuestro tiempo haremos objeto de otro trabajo por considerarlas de neto valor histórico, y asimismo con rico contenido lírico-literario (29).

3. Los favores del amigo Venancio

Cuando Venancio Coñuepán fue tentado por los oficiales argentinos para ponerse al servicio de Rosas y hacerle la guerra a Calfucurá, dicen que el mapuche pidió tiempo para conversar con su dios y consultarle cuál camino debía tomar, ¨para soñar mucho¨ -dijo-. Y esa noche extendió su manta en el preciso lugar en el que dormirían sus caballos. Cuando a la mañana siguiente –oscuro todavía- comprobó que sobre su manta se había echado una yegua baya, comprendió que arriba habían decidido su viaje a Bahía Blanca.

Creyeron que no volvería, que lo matarían, que abandonaría a sus mujeres. Y no se equivocaron: ¨Mis mujeres Manse y la Rosa/ que a la vuelta me esperarán/ con caldito de harina bien picante/ me habrán de esperar./ Pero ellas después dijeron:/No se si Venancio vuelva/ que se cuelguen de la manta/ le pedirán a sus pequeños¨.

Los vorogas ¨patriotas¨ que se fueron instalando en las cercanías de la Bahía Blanca, integraban el contingente que en 1827 el gobierno de Chile había enviado en persecución de las bandas pincheirinas (30). Venìan en el contingente el capitán Juan Montero y el sargente Francisco Iturra con treinta soldados del cuerpo de cazadores a caballo ¨… acompañados por un millar de voroganos comandados por el cacique Venancio Coñuepán que ya había estado en las praderas bonaerenses. Ahora regresaba con el grado de sargento mayor del ejército de Chile ya que se había alineado con la fuerza de O´Higgins y por lo tanto (era) enemigo acérrimo de los vorogas realistas, que estaban estableciéndose en las salinas grandes, Guaminí, o sea al sudoeste de la provincia de Buenos Aires…¨(31).

Don Venancio llegaba con sus primos Collinao y Melinao, que asimismo se radicarìan en la zona de Bahía Blanca. Siete años antes había estado en los pagos, junto con el cacique Landau y sus tribus en la laguna Cacharí, al norte del arroyo Gualicho, antigua denominación del arroyo Azul (32).

El propósito del ingreso al territorio argentino era no solamente batir a las montoneras realistas, sino también rescatar a las cautivas chilenas, una de ellas al parecer hija de un gobernador chileno y llamada Juana Seguel. Cuando esta última fue liberada, lejos de volver a Chile, contrajo matrimonio con Francisco Iturra, con quien tuvo varios hijos y larga descendencia en Bahía Blanca. Esta chilena fue la propietaria de una de las primeras pulperías del sur bonaerense (33).

Existen diversos testimonios de viajeros, relativos a estas familias chilenas radicadas en la bahía de los bajos anegados. El Coronel García, por ejemplo, que confunde a los voroganos con los huilliches, testimonia: ¨… Esta tribu es respetada de las demás, por su carácter guerrero; y por la respetabilidad de sus fuerzas, jamás ha entrado en coalición con ninguna para el pillaje: cuando lo hizo fue sola (…) en el año 20, en las costas del cabo San Antonio y montes vecinos (…) y desde entonces han habitado pacíficamente las costas del mar (…) desde la Sierra del Volcán hasta el establecimiento del Río Negro (…). Con ellos no intervienen los ranqueles ni pampas, sólo si para el comercio…¨(34).

La convocatoria a Venancio obedecía a requerimientos de Rosas, quien era parte muy interesada en la instalación de un nuevo fuerte en la denominada Bahía Blanca. Y Venancio sería el responsable de la seguridad… Este proyecto había sido alentado por Rosas desde tiempo atrás, consciente de las ventajas que ofrecía una nueva salida al mar para la ruta de las salinas. Y además había de convenirse que el ataque brasilero al puerto de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, requirió poner manos a la obra. Por lo mismo, se designó prontamente a un primo hermano de Bartolomé Mitre, nacido en Montevideo, el coronel Ramón Estomba. Él fue responsable visible de la iniciativa, quedando los aspectos técnicos a cargo del ingeniero francés Narciso Parchappe. Este último fue uno de los primeros en llegar a la zona, acompañado por algunos soldados y un grupo de indios amigos con su cacique (35). La nave francesa contratada para transportar los materiales destinados a la construcción, ya se encontraba surta en Arroyo Pareja. Después llegaron las avanzadas de Venancio y Montero; finalmente lo hizo la columna encabezada por Estomba. El 9 de abril de 1828 se aprobó el sitio de emplazamiento elegido por Parchappe y el 11 de abril se dio inicio a las obras de construcción de la fortaleza.

El jefe militar dispuso homenajear al General San Martín con el nombre del nuevo fuerte: Fortaleza Protectora Argentina, como alguna vez se había llamado al libertador. La expectativa que despertaban las acciones en la bahía eran enormes; tanto, como la importancia que le asignaba al nuevo destacamento el gobierno bonaerense cuyo Ministro de Guerra, Juan Ramón Balcarce propuso en solitario bautizar Nueva Buenos Aires.

¿Dónde estaba Rosas, el responsable del viaje de Venancio desde Chile? En dura competencia con el gobernador Dorrego, quien –según pensaba don Juan Manuel- veía con malos ojos su poder de convocatoria sobre los milicianos de la campaña. Y fundada la Fortaleza Protectora Argentina, quedaba también instalado el conflicto que, después de muerto Dorrego, terminaría alejando a Estomba de la empresa, y del mundo de los vivos… (36).

El nuevo fuerte fue al poco tiempo de fundado, el más miserable y abandonado de la línea de fronteras. Atendiendo sus negocios y lejos de allì Estomba, la fortaleza a cargo del Comandante Morel, en 1829 el regimiento fue sorprendido por un malón y casi todos resultaron muertos. En todo ese año la defensa del fuerte se vio drásticamente reducida y los aprovisionamientos se cumplieron con marcada dificultad. Jorge Oscar Sulé explica este ataque de los voroganos diciendo que tan leal era la indiada de Venancio al federalismo, y en particular a la persona de Rosas, que ¨… no resulta extraño que cuando el coronel Morel se puso en marcha para unirse a Estomba plegado a la subversión de Lavalle esa indiada se le levantara, ultimara al coronel y noventa efectivos en la sangrienta jornada del 30 de enero de 1829, cerca del Napostá…¨(37).

Habìa comenzado entonces la locura homicida de escarmiento y terror en la campaña, llevada adelante por los revolucionarios decembristas antidorreguistas. En la represión se destacaron Juan Apóstol Martínez, Ramón Estomba y el mismísimo coronel Federico Rauch, el bávaro campeón en la matanza de indios a cuchillo, que se vanagloriaba de su ahorro de munición (38). Estomba ya había dado muestras inequívocas de enajenación mental, por lo que sus compañeros de armas lo trasladaron a Buenos Aires, donde falleció a los treinta y nueve años el 1 de junio de 1829. Fue enterrado en el cementerio de la Recoleta en el triángulo de ¨Beneméritos de la Patria¨.

Coñuepán, que era ¨don Venancio¨ para Rosas, murió el 24 de agosto de 1836 cuando sus toldos fueron arrasados por las furiosas lanzas de Calfucurá. Al frente de sus adyacentes le sucedió su hijo, el cacique Ramón.

Por ley de compensaciones, también murió Rauch, inventor del maloca (malón de los blancos), en realidad ajusticiado por un representante de la etnia a la que dispuso exterminar. Fue en la batalla de Las Vizcacheras, en la que fue vital la presencia de los indios tapalqueneros comandados por el coronel Ventura Miñana; uno de estos efectivos, Nicasio Maciel, inmortalizado por su sobrenombre ¨Arbolito¨, fue quien terminó decapitando al bávaro después de que el Alférez Manuel Andrada le boleara el pingo (39).

4. Los favores del amigo Ancalao

Venancio y sus voroganos se habían instalado en inmediaciones de la actual Aldea Romana, en cercanías del cementerio y arroyo Napostá. Entre los suyos estaban los Ancalao y los Antenao, familias que en su momento se trasladaron –junto con otra comunidad tehuelche septentrional: los Linares- a tierras puntaltenses.

En el mismo año de 1836, cuando fuera lanceado el Cacique Venancio, Francisco Ancalao denunció una ¨suerte de estancia¨ que le fue concedida en lo que es hoy Puerto Belgrano y parte de Punta Alta (40). ¨… Simultáneamente lo mismo hacía Francisco Linares, de ascendencia pehuenche o guenaken o mestizo de ambas, que se estableció al lado de los campos de Ancalao. Por el mismo año, el sargento mayor Manuel Leiva de la Fortaleza Protectora Argentina que desposaría con Felipa Araque (viuda del comandante Rodríguez), denunció otra ¨suerte de estancia¨ en lo que es hoy Puerto Belgrano y la parte céntrica de Punta Alta, mensuradas muchos años después por el ingeniero Cristian Heusser…¨(41).

Se consideró ¨indios amigos¨ a las tres familias, tanto a los voroganos como a los tehuelches (los Ancalao, los Antenao y los Linares) por lo que en todo momento auxiliaron militarmente a la guarnición del fuerte, tanto en la defensa como en las acciones punitivas. Las lanzas de Ancalao ya se contabilizaron en la gran embestida de 1833, la mal llamada primera campaña del desierto, cuando corrieron detrás de Rosas y de Facundo. Era entonces una fuerza de cien mocetones lanceros que se unió en la Fortaleza a las tropas procedentes del Azul, Tapalqué y fuerte Independencia y traspuso el Río Negro después de intentar la limpieza de la isla del Choele-Choel (42), para terminar empujando hacia el oeste.

Esta ¨… campaña de 1833 constituyó el primer eslabón del proceso de exterminio de las comunidades indígenas libres de la llanura, cuya culminación, la llamada ¨Conquista del Desierto¨, no fue más que el mazazo definitivo sobre culturas agotadas y diezmadas después de más de medio siglo de guerra permanente…¨(43).

A lo sumo diez años duró el empujón. En la década de 1840 las estancias habían invadido otra vez las tierras de caza de los indios (44). Tanto que poco tiempo después de la campaña el cacique Renguí, que con posterioridad se agregó a la tribu de Coliqueo, invadió las estancias del Quequén Grande, dando muerte al Juez de Paz de Bahía Blanca, Pablo Acosta, a quien halló en el camino dirigiéndose a las sierras de Azul donde tenía mucho campo. ¨… Renguí es derrotado por el mayor Iturra, y posteriormente el mismo Cornell, avisado por Calfucurá que Renguí iba a malonear por Bahìa lo espera emboscado en Curumalán, sin éxito, pues en vez de hacer lo anunciado invade por el Azul. Poco después en Las Cortaderas, por La Ventana, el coronel Lagos habrá de vencer a estos indios…¨(45).

Después de la caída de Rosas, Calfucurá creyó llegado el momento de su gran triunfo, y de acuerdo con tehuelches más o menos araucanizados, organizó en abril de 1852 un gran malón de cinco mil guerreros que asoló las estancias del sur de la provincia y puso sitio a Bahía Blanca. Parecía ahora que bajo el influjo del salinero huilliche, los indios amigos como Cipriano Catriel o algún convencido vuelto a descarriar como Yanketruz, terminaban de despertarse y se encontraban atados a la cama. Entonces, queriendo convertirse en verdaderos ¨matadores¨ u ¨hombres dotados de poder¨ corrían a la gruta de Cura Malal pintada por los antiguos, donde eran objeto de ceremonias mágico-religiosas (46).

Ese mismo año, el comandante de la fortaleza, Rafael Burgeois, aludiendo a la edad de los soldados a su mando, consideró a Bahía Blanca ¨la más vieja del continente americano…¨. Agregaba que la tropa es ¨inútil casi en su totalidad¨, que su ¨desnudez es total y se confunde con los indios amigos, usando los mismos vestidos comprados a su costa, con vincha el que la tiene y otros en cabeza…¨(47). Martín Fierro ya estaba definido en el paisaje bahiense; sólo restaba pasarlo al papel (48).

Los malones de 1854 y 1855 sobre Bahìa fueron asoladores. Desde Buenos Aires, Mitre intentó recomponer una frontera que se derretía ante la torpeza de los sucesores de Rosas y la furia del tehuelche Yanketruz. Pero fue derrotado por Catriel, esta vez desamigado y aliado del huilliche salinero.

Ancalao y su indiada estuvieron presentes también en 1857, cuando expedicionaron sobre Calfucurá integrando Ancalao esta vez con cuarenta y seis mocetones de lanza el denominado ejército de operaciones del sur. En febrero de 1858 el ejército acampó en las nacientes del arroyo Pigüé. Aguas abajo, no lejos de allí, Calfucurá alistaba nada menos que mil quinientas lanzas. Se combatió ferozmente cuerpo a cuerpo durante dos días, hasta que las fuerzas hostiles cedieron. Era la primera vez que el huilliche era derrotado. Seguramente por eso, la reacción fue casi inmediata y el 9 de mayo de 1858, tres mil lanceros liderados por Calfucurá, Catricurá, Antemil y Cañumil, atacaron la Fortaleza Protectora trabándose en combate con las fuerzas auxiliares indígenas comandadas por Francisco Ancalao, la Legión Militar italiana y numerosos civiles armados. A la madrugada siguiente los atacantes se dispersaban por el desierto; habían sido rechazados una vez más (49).

Al año siguiente Francisco Ancalao fue nombrado Sargento Mayor por el Superior Gobierno de Buenos Aires. Parecía que los indígenas alcanzaban muy rápidamente su techo en grados militares, y que el honor de hacerlos vestir un uniforme era considerado por los jefes militares paga más que suficiente. Sin embargo, diez años después –en 1870- Francisco Ancalao volvió a repetir la hazaña, cuando las indiadas de Calfucurá arriaron unas mil cabezas de ganado, y él pudo alcanzarlas a la altura de Arroyo Pareja poniéndolas en fuga y recuperando lo robado.

Hubo un nuevo intento de los huilliches, durante ese año de 1870, esta vez capitaneados por el hijo de Calfucurá, Namuncurá. Se intentaba saquear el poblado de Bahía Blanca con una fuerza de dos mil indios conducidos por el desertor Manuel Suárez, pero a último momento éste se arrepintió alertando a Ancalao de los planes trazados. Por tal motivo, el ataque se abortó (50).

Francisco Ancalao murió en enero de 1871, y sus restos fueron inhumados en tierra cristiana del cementerio que entonces estaba ubicado en la actual plaza Enrique Pellegrini. Este hecho provocó la queja del cura párroco de Bahía Blanca, quien consideró profanado el camposanto. Finalmente, terció en la cuestión el comandante Viejobueno, quien permitió que Francisco Ancalao continuara compartiendo el cementerio de los blancos. Como si hubieran sido en realidad amigos.

Quedaban muy pocas lanzas amigas en Bahía cuando Roca lanzó su persecución y carnicería en 1879. Casi todos habían hecho honor a esa amistad demandada por los blancos, pero casi nunca abonada. Y la cuestión quedó definitivamente sellada con la rendición de Valentín Sayweke (ó Sayhueque), el último gran cacique tehuelche que sólo obligado por el incontenible avance de las armas nacionales levantó a todo su pueblo en lógica defensa.

5. Tránsito hacia la invisibilidad

Después del último malón, los indios amigos quedaron confinados en las tierras al sur del puerto bahiense o de la esperanza. Las tres familias como quedó dicho, dentro de los futuros límites del Partido de Coronel Rosales.

Cuando las huestes de Uriburu llegaron al pago para fundar la base naval militar, dos de las familias indígenas fueron desalojadas. Los Linares, que estaban asentados en lo que después fue la séptima batería, frente al balneario de Punta Ancla, y sorprendentemente en el mismo sitio de victimización de tantos jóvenes durante la última dictadura militar. También fueron movidos de su asentamiento los Antaneao, que estaban en el campo de Santamarina, ahora zona militar. Sólo los Ancalao, que estaban ubicados en tierras del actual barrio de Ciudad Atlántida, continuaron con los toldos en pie.

Nada se sabe del destino de los Linares y de los Antenao. Ha de presumirse que siguieron una diáspora de varios años, hasta que terminaron fundidos con la etnia predominante. Tampoco se supo la suerte corrida por dos tehuelches solitarios: el indio Pinto, que vivía en tierras enfrentadas con los polvorines, en camino a Bahía Blanca. Y otro, cuyo nombre no llegó hasta nosotros, que vivía en la falsa isla próxima a Arroyo Pareja, que con la llegada de los italianos al lugar pasó a conocerse con el apellido de éstos: isla Cantarelli. Y que aún cuando no era una isla, sino una lengua de tierra cuyo vìnculo con la playa se inundaba con cada marea, el tehuelche se encontraba absolutamente aislado. Ambos tehuelches solitarios, como no podia ser de otro modo, se sentaban rigurosamente de espaldas al mar.

Después del último malón, decíamos, cuando no hubo más regalos porque ya no hubo favores que pedirles, los indios amigos vivieron del producto de la cría de ovejas que vendían o canjeaban a los comerciantes de Bahía o a los mercachifles que se acercaban a las tolderías. Tales como Nardini y Sardi, que finalmente ocuparon terrenos adyacentes. Hay numerosos testimonios referidos a las ovejas pamas. Los relatos de Azara y los de D´Orbigny relativos al tamaño excepcional de las especias criadas por los nativos, así como sobre la calidad y riqueza del vellón. Ello a punto de que los propietarios buscaran padrillos de la raza para perfeccionar sus rebaños europeos. En sus relatos, el Coronel Pedro A García, aquel fino negociador de los primeros tiempos, hace mención a la toldería del cacique Antenao (¨Antenau¨, dice), viendo allí que ¨… las indias son muy aplicadas a lavar y tejer las lanas de sus esquilmos…¨(51). No olvidamos, claro, que la familia Antenao era de origen vorogano, es decir mapuche chileno, etnia tejedora famosa por sus mantas. De los Antenao nos llegan noticias de una joven docente, descendiente del cacique, que en Puerto Madryn se ocupa de la enseñanza a las comunidades aborígenes.

La niebla del mestizaje fue la primera en cubrir a las familias de indios amigos. Según Domingo Pronsato, después de Rosas, los jefes indios que alcanzaron el cacicato y que se enfrentaron a los ejércitos de línea en épocas de Alsina y Rosa fueron en su mayoría mestizos (52). Este mismo autor, nacido en 1881, hijo de inmigrantes de la liga agrícola italiana, documentó los casamientos de soldados y mestizos de la fortaleza con cautivas rescatadas (53).

La tradición de los Ancalao subsistió, sin embargo, durante muchos años. Fermín, bisnieto de Francisco, vivió hasta finales de la década del ´50, llegando a jubilarse como obrero de los talleres de la base. La familia mapuche supera su invisibilidad recientemente, ya lejos de Punta Alta, cuando encontramos un lirio flotando en medio del lago. Y es nada menos que en Comodoro Rivadavia, donde brota la respuesta con drástico vigor poético, aunque allí el paisaje sea marítimo y no lacustre.

¨Cuando me muera deberé cruzar el río/ Qué perro hará de guía si no tengo/ un perro flaco que olerá mi cobardía/ irá a mi lado/ Y estará la vieja en la balsa/ Le entregaré dos llankas/ para que me cruce/ Las piedras arrancadas de cuajo/ de mi garganta/ de mi estómago/ crecidas en los dolores/ en los gritos que no pude gritar/ cuando se agrandaban mis ojos/ y hacía que vivía/ Entregaré esas piedras/ y no habrá más/ seguro lágrimas/ porque no pude encontrarle el secreto a esta vida/ porque me fui/ detrás de los fantasmas/ buscando tramas/ y arañas/ y cántaros/ y hojas/ ¿reconocerá la vieja su valor?/ Subiremos con mi perro/ La balsa se deslizará en la tarde/ hacia el oeste/ Arribaremos/ Y tiene que estar allí mi hermana menor/ tiene que estar/ no puede ser la muerte una nada para un pájaro/ para quien ha pintado con pinceles el fuego/ Ella tendrá cicatrices visibles en los ojos/ sus ojos más certeros aún/ hurgarán en mí/ hasta sacarme las espinas/ me dibujará el rostro con sus dedos/ una huella de choique/ arderá el fuego sobre piedras azules/ comeremos corazones palpitantes/ y mi hermana pintará un kultrun en el aire/ con la sangre/ Después no sabré/ si soy un caballo/ o un resuello/ si es el viento una trutruka/ y saldremos galopando/ a desparramar las estrellas del río/ y en el movimiento circular/ sabré de una vez/ qué es ser un guerrero que corre libre hacia la muerte/ qué visiones lo ardían/ Regresaremos al mallín/ y habrá la gente alrededor del fuego/ Entonces me recordaré/ de ellos tan lejos/ y moriré de nuevo/ de los barrios planes de vivienda/ creciendo en vértigo/ en la ciudad con horizonte/ las bolsas de nylon y las estrellas allí/ entre los cables del alumbrado público¨ (54).

(1) Sarramone, Alberto ¨Catriel y los indios pampas de Buenos Aires¨, Editorial Biblos Azul. Azul, 2001.

(2) En diversos textos, la grafía para esta etnia varía a ¨boroganos¨ o ¨borogas¨

(3) Si bien hay una amplia diversidad de opiniones al respecto, se estiman en 200.000 los indígenas víctimas de las ofensivas nacionales entre 1810 y 1900. Y sabido es que en la última dictadura militar hubo 30.000 víctimas.

(4) Bernal, Irma y Sánchez Proaño, Mario, ¨Los Tehuelche¨, Editorial Galerna, Buenos Aires, 2007. Agregan los autores: ¨… Otra de las razones que llevaban a un grupo étnico a salir de su territorio para relacionarse con otro grupo estaba dada por la necesidad de establecer lazos que asegurasen su reproducción en forma conveniente y por lo tanto su supervivencia. Ello en general se derivaba de la práctica de la regla que establecía que los varones debían buscar su pareja fuera del grupo. En ocasiones esos lazos de sangre eran el resultado de las guerras, después de las cuales era norma general que los vencedores se apoderasen de las mujeres de los vencidos. Estos parentescos contribuyeron a elimiar las diferencias culturales y a formar nuevas modalidades como fruto de la concurrencia de rasgos diferentes…¨.

(5) Martínez Sarasola, Carlos, ¨Los hijos de la tierra – historia de los indígenas argentinos¨. Emecé historia, Buenos Aires, 2005.

(6) Sarramone, Alberto – op. cit, citando a Biedma, ¨Crónicas militares¨.

(7) Martìnez Sarasola, Carlos, op. cit.

-8-Cunninghame Graham, R B – ¨El río de la plata¨, Buenos Aires, 1938

(9) Elal era el hijo del dios Koch, enviado a la tierra para liberar a su pueblo y encaminarlo a la salvación. Fue quien adiestró a los hombres para que llevaran una vida digna e inteligente.

(10)Martínez Sarasola, Carlos, op. cit.

(11) La amistad (del latín amicus; amigo, que posiblemente se derivó de amore; amar. Aunque se dice también que amigo proviene del griego a; sin y ego; yo, entonces amigo significaría “sin mi yo”, con lo cual se considera a un amigo como al otro yo) es una relación afectiva entre dos personas. La amistad es una de las más comunes relaciones interpersonales que la mayoría de los seres humanos tienen en la vida. – wikipedia.org

(12) Molina, José Toribio – ¨Los aborígenes chilenos¨, Santiago de Chile, 1882

(13) Sarramone, Alberto, op. cit

(14) Martínez Sarasola, Carlos, op cit

(15) ¨Lenguaraz¨: intérprete del idioma indígena; no era un traductor ni mucho menos.

(16) Martínez Sarasola, Carlos, op cit.

(17) Hammerly Dupuy, Daniel – ¨Historia de la fundación de Bahía Blanca¨. Histarmar, Historia y arqueología marina, 2000

-18- ¨Casuatí¨: (mapuche) Sierra atravesada

(19) Sarramone, Alberto – op. cit

(20) Sarramone, Alberto – op. cit.

(21) Mac Cann, William – ¨Viaje a caballo por las pampas argentinas¨. Buenos Aires, 1969

(22) Ratto, Silvia – ¨Caciques, autoridades fronterizas y lenguaraces: intermediarios culturales e interlocutores válidos en Buenos Aires (primera mitad del siglo XIX)¨. Mundo Agrario, Revista de estudios rurales, vol 5, nº 10, primer semestre de 2005.

(23) Quijada, Mónica – ¨Repensando la frontera sur argentina: concepto, contenido, continuidades y discontinuidades de una realidad espacial y étnica (siglos XVIII y XIX)¨. En Revista de Indias, Volumen LXII, Número 224, 2002.

(24) ¨Tierra adentro¨: viviendo con los aborígenes, o en las tolderías

(25) Bechis, Martha – ¨Los lideratos políticos en el área Arauco-Pampeana en el siglo XIX: ¿autoridad o poder?¨. En ¨La etnohistoria¨, Número especial de la revista Naya, Facultad de Filosofía y letras, UBA, 1999.

(26) Ratto, Silvia – op. cit.

(27) Sarramone, Alberto – op. cit.

-28- ¨Diario de Bahía Blanca¨ – En Villar, Daniel: Depto de humanidades UNSur, Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de La Pampa.

(29) Ratto, Silvia – op cit. Historias de intermediarios, entre las que preferimos la de Iturra, el alférez ¨aindiado¨, personaje que ha sido reiteradamente citado en el presente trabajo.

(30) Pablo y Antonio Pincheira, según Sulé, Jorge Oscar – ¨Rosas y sus relaciones con los indios¨, Corregidor, Buenos Aires, 2007.

(31) Sulé, Jorge Oscar – op. cit

(32) Sarramone, Alberto – op. cit.

(33) Sulé, Jorge Oscar – op. cit.

(34) García, Pedro Andrés – ¨Expedición a la Sierra de la Ventana¨ – Colección De Angelis, tomo IV, Buenos Aires, 1969.

(35) Dice Sulé, Jorge Oscar –op cit.: ¨… desde el fortín Independencia Ramón Estomba informó al gobierno de la presencia en las inmediaciones de indios chilenos voroganos conducidos por el cacique Venancio Coñhuepán que, con algunos oficiales chilenos, estaban en persecución de los Pincheira. También informó de la presencia de indios pampas merodeando la Sierra de la Ventana, por lo que solicitó provisiones para mantener esa indiada en actitud pacífica…¨.

(36) Marfany, Roberto H – ¨La guerra con los indios nómadas¨ – En ANH, Historia de la Nación Argentina, Tomo 6 (1º), Buenos Aires, 1954.

(37) Sulé, Jorge Oscar – op. cit

-38- Sulé, Jorge Oscar – op. cit, dice: ¨… La cuestión fue que Rauch quiso anticiparse (a malones anunciados respondiendo a preparativos reales de los indígenas, o bien a especulaciones inmobiliarias de quienes querían comprar tierras a bajo precio –n.d.a.-) y entre los últimos meses de 1826 y principios de 1827 atacó a numerosos grupos indígenas ubicados al sudoeste de Rojas, incursionó hasta la Sierra de la Ventana y Epecuén en cercanías de donde se había celebrado hacía un año un parlamento con voroganos. En una de esas represiones hizo prisionera a la Cacica Luisa, esposa de Ignacio Cañuiquir, Cacique Mayor de la tribu vorogana, vinculada a los ranqueles y a los Pincheira (realistas –n.d.a.-). En estas violentas incursiones de Rauch que se inscriben en otro contexto político, barruntamos una metodología, similar a la de Martín Rodríguez…¨.

(39) Sarramone, Alberto – op. cit.

(40) Sulé, Jorge Oscar – op. cit.

(41) Sulé, Jorge Oscar – op. cit.

(42) D´Orbigny, Alcide – ¨Viaje a la América meridional¨ – Editorial Futuro, Buenos Aires, 1945: ¨… el sitio de reunión para estas citas anuales es por lo general la isla de Choele-Choel, formada por la separación de dos brazos del río Negro, a sesenta u ochenta leguas de su desembocadura. Allí se dirige el patagón con sus pieles de guanaco, el auca y el puelche con sus tejidos y el producto de los robos hechos a los cristianos que viven en las pampas; y desde allí se entablan los intercambios que, desde los tiempos más remotos, tienen lugar entre las nacionales australes, cuando las guerras no los dividen…¨. D´Orbigny se radicó durante ocho meses en Nuestra Señora del Carmen de Patagones, desde donde se trasladó para realizar sus investigaciones, primordialmente de especies marinas. Ante la imposibilidad de recorrer la pampa, encargó a otro estudioso de su confianza, que redactara un informe sobre la misma. Ese conocido y amigo era nada menos que Narciso Parchappe, quien participase activamente del diseño y primer enclave bahiense, como documentamos en este trabajo. El informe de Parchappe pasó a engrosas la monumental obra en nueve tomos que debe la humanidad a D´Orbigny.

(43) Martínez Sarasola, Carlos, op cit.

(44) Lynch, John – ¨Caudillos de Hispanoamérica¨ – Buenos Aires, 1994.

(45) Sarramone, Alberto – op. cit.

(46) Sarramone, Alberto – op. cit, citando a Casamiquela, Rodolfo: ¨Temas patagónicos de interés arqueológico¨.

(47) Chiarenza, Daniel Alberto – ¨Historia general de la Provincia de Buenos Aires¨, Tomo 1, Buenos Aires, Edición Oficial.

-48- La temática invita efectivamente a la ficción, ya que la realidad parece avasallante y superadora. Véase al respecto ¨Peones de Ajedrez¨, una interesante novela del investigador Marcelino Irianni – Editorial Biblos, Buenos Aires, 2007.

(49) Servicio Histórico del Ejército – ¨Síntesis de Guerras y Campañas del Ejército Argentino¨ – Buenos Aires, 1997.

(50) Servicio Histórico del Ejército – op. cit.

(51) García, Pedro Andrés – ¨Diario de un viaje a Salinas Grandes¨, Buenos Aires, 1974.

(52) Sulé, Jorge Oscar – op. cit, donde cita a este autor bahiense.

(53) Pronsato, Domingo – ¨Patagonia proa del mundo¨, El Ateneo, Buenos Aires, 1948. Y del mismo autor: ¨Luces de mi tierra¨, Asociación artistas del sur, Bahía Blanca, 1954.

(54) Nos referimos a Liliana Ancalao, docente y poeta, nacida en Comodoro Rivadavia, Chubut, en 1962. Su nombre ¨Liliana¨ tiene origen latino y es una flor blanca: el lirio. El apellido ¨Ancalao¨ es mapuche y significa ¨en medio del lago¨. La autora pertenece a la comunidad Ñänkulawen. Ha publicado ¨Tejido con lana cruda¨ (Edición del autor, Comodoro Rivadavia, 2001). El inédito transcripto fue tomado de Revista El Camaruco Nº 5, marzo-mayo 2005, Viedma.

ESTE TEXTO FUE DISTINGUIDO CON EL SEGUNDO PREMIO EN EL CERTAMEN DE ENSAYO HISTORIOGRÁFICO ¨VOCES DE ARAUCO 2008¨, DE AIMOGASTA, LA RIOJA (GACETA HUAYMOCACASTA Y SALAC, FILIAL AIMOGASTA).

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7 comentarios to “Indios amigos”

  1. ¡Divina la página!

  2. EL CAPITÁN RUFINO SOLANO, SINGULAR PERSONAJE HISTÓRICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y DE ARGENTINA.-

    Hace casi un siglo, a la edad de 76 años, moría en nuestra ciudad el capitán azuleño don Rufino Solano. Este muy particular militar, recordado como “El diplomático de las pampas”, desplegó inigualables acciones en favor de la paz, la libertad y la vida en la denominada “frontera del desierto”. Como resultado de estas acciones Rufino Solano, mediante su trato proverbial con el aborigen, consiguió redimir PERSONALMENTE a centenares de mujeres, niños y otros prisioneros, de ambos bandos, impulsado siempre por un notable y especial sentimiento hacia el género, encarnado en la lacerada figura de la cautiva.

    Asimismo, se destacan entre sus acciones, el haber evitado sangrientos enfrentamientos mediante sus prodigiosos oficios de mediador y pacificador, pactando con los máximos caciques indígenas numerosos acuerdos de paz y de canjes de prisioneros. Realizando esta arriesgada tarea en beneficio de la población de Azul y de numerosas localidades de la Provincia de Buenos Aires e incluso de otras provincias aledañas. Entre otras significativas intervenciones del capitán Rufino Solano, se encuentra la de haber formado parte de los cimientes que dieron origen a las actuales ciudades de Olavarría y San Carlos de Bolívar, entre otras más.-

    En el plano religioso, cumplió destacado protagonismo sirviendo de enlace en la acción evangelizadora hacia el aborigen llevada a cabo por la Iglesia de aquella época. En cumplimiento de esta última actividad, se lo vio prestando estrecha y activa colaboración al Padre Jorge María Salvaire, fundador de la Gran Basílica de Luján denominado “El misionero del desierto y de la Virgen del Luján” y actuando de ineludible interlocutor entre los jerarcas aborígenes y el Arzobispado de la ciudad de Buenos Aires, en la persona del Arzobispo Dr. León Federico Aneiros, llamado “El Padre de los Indios”.

    Esta encomiable labor del capitán Rufino Solano fue desarrollada durante sus más de veinte años de carrera militar y continuó ejerciéndola después de su retiro hasta su muerte, ocurrida en 1913. Actualmente obra en la Legislatura de la Pcia. de Buenos Aires, un proyecto de ley para declararlo Ciudadano Ilustre de dicha provincia.-
    Autor: Omar Alcántara

    • ¡Muchas gracias por tu aporte, Omar! He estado investigando un poquito el tema, como para saber el uno por ciento de lo que seguramente vos sabrás de este personaje histórico. Me entero, entre otras cosas, de que sos descendiente de él. Por todo lo que acabo de decir, es un orgullo haber recibido tu contribución. Tu segundo e-mail será subido al blog. Cuando puedas verlo, necesito que hagas las observaciones, agregados o supresiones que creas necesarias. ¡Gracias otra vez! Carlos Enrique Cartolano, editor de Diáspora Sur.

      • Gracias a vos, amigo Carlos Enrique Cartolano. Considero que estos seres, lamentablemente excepcionales, deben ser considerados y reconocidos es su real magnitud. De lo contario, estariamos cayendo en la versión de los que sostienen que no había otra solución que la que finalmente se adoptó.
        Aprovecho para felicitarte por tu excelente blog, el cual también me ha sido de gran utilidad para la consecución de mi investigación.
        Muy agradecido, quedo a tu más absoluta disposición y me despido con un fraternal y fuerte abrazo. Omar

  3. ¡Con qué voracidad he leído todo el texto! Siempre pensé en los hermanos aborígenes como los Señores de la Tierra e incluso escribí una poesía para ellos. Es una verguenza lo que están haciendo al quitarles las tierras que tanto cuidaban y amaban. Estoy con Ud. y lo saludo con mi afecto más sincero. Alicia B Arévalo

  4. […] Indios amigos junio, 20086 comentários 3 […]

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