La visión del toki

El perimontu de Kalfukurá

kalfukuraches

Recopilado por Bertha Koessler, 1962

Extraído de ¨Cuentan los mapuches¨, edición de César A Fernández, Ediciones Nuevo Siglo SA, Buenos Aires, 1999 (*)

El héroe de la guerra y jefe de muchas naciones (1), el chao Kalfukurá, le hizo llegar a sus aliados la flecha sangrienta para llamarlos. Quería vengar un hecho y ellos tenían que ayudarlo. Llenos de gloria iban a volver. Cargados del botín volverían. Nuestros abuelos siempre decían que el Grande del cielo azul no quiere a las personas que tienen dos corazones, pero que estaba haciendo una excepción con Kalfukurá, con darle esa gran memoria no más, y que lo quería por el modo en que lo ayudaba siempre, que los espíritus lo cuidaban. Que de verdad tenía dos corazones en el cuerpo, se supo recién después, cuando lo desmembraron para buscar el corazón.

Una bruja que adivinaba por la luna, que mantenía relación con los muertos de hace mil años, que le daban consejo estos finados, le dijo a Kalfukurá: ¨El Uelu nitrau no te va a ser fiel esta vez. Casi, por poco, esto te digo yo, va a empezar en esta lucha tu otra vida, la que sigue del otro lado de las grandes aguas, el uñoliuetún¨. Kalfukurá había ido a ver a la bruja en la gruta (2), donde sabían estar los espíritus de sus abuelos, que no se mostraban a todos: de noche no más se mostraban ésos. Envueltos en sus pieles salían, prendidas sobre el hombro derecho. Trarilonko de cuatro plumas llevaban en la cabeza. Abuelos ariscos eran, que había que llamarlos. La adivina siguió diciendo: ¨La muerte se te va a acercar por todos lados. Vas a tener que tener tu caballo ensillado al lado, no lo olvides. Mejor que pases hambre antes que comer carne de vaca. Encima de la montura ponga una manta de nutria. Elija los mejores mauidanches porque se juega tu vida¨. Otros consejos más le dio que, después, cuando se salvó, a pesar de todo, lo hicieron reír.

La pelea fue fácil. Kalfukurá había perdido pocos hombres. Rico era el botín que le tocaba a él y a su gente: oro y plata, cautivos, mujeres con chicos. La ciudad había ofrecido poca resistencia, cosa rara, y había mucho contento entre los vencedores. Ya podían hacer fiesta los rapaces.

Pero Kalfukurá no estaba contento todavía, quería gozar con los tesoros que, según la adivina, los habían escondido en la montaña cuando él estaba al caer. Mucho oro y plata había al fondo de la cueva. Demasiado había hablado de eso la bruja, la recomendadora. Demasiado había aconsejado que él no buscara el tesoro. Mejor se hubiera callado. Mucho tiempo perdió Kalfukurá en buscar el tesoro. Y de mientras hizo juntar los animales conseguidos y, como estaban muy gordos, mandó asar la carne. A Kurafilu, el comilón del agua, no le dieron nada. Cuando todos estaban comiendo carne de vaca, Kalfukurá se olvidó que él no tenía que comer, y comió bien con los demás. Pero tenía el caballo ensillado cerca de él. De repente, vino a salir de la cueva del tesoro un jinete, un hombre enano, vestido a la antigua, en un caballo blanco y muy lindo. Tan lindo era el caballo que parecía una aparición. El enano le dijo a Kalfukurá: ¨Corra, escape, deje todo, sálvese. Va a haber pelea. Soy Tripaiñam, tu antepasado. Escuche. Tripaiñam te avisa. Es Tripaiñam que te habla desde el mundo de abajo¨.

Entonces, Kalfukurá escupió el último bocado de carne, tomó al caballo de las riendas, montó y dio orden de salir a la disparada. Pero los comilones no querían largar tan pronto la rica carne; sobre todo, que no habían visto al perimontu (3), al enano del precioso caballo blanco. Aunque muchos de ellos estaban al lado, no vieron nada en la cara del jefe. Pero en seguida después salió un ventarrón, un remolino de la cueva, que casi lo volteó a Kalfukurá con caballo y todo. Con el ventarrón se oían chillidos, gritos, balidos, de mientras que el remolino amontonaba todo, revolcaba todo, juntaba los caballos con la gente aturdida que todavía estaba mascando, que no quisieron atender la orden. No todos los días se puede comer carne gorda.

Pero en eso la cueva empezó a vomitar los enemigos, que estaban preparados para atacar. Hay que ver cómo se asustaron los mauidanches y los demás kalfukuraches. Perdidos estaban. Armas, monturas, el botín, todo había estado amontonado cerca de las fogatas, y andaba desparramado por el campo. Kalfukurá no más tenía las riendas de su caballo, y al lado de él estaba su segundo, de modo que pudieran huir. Gritaba la gente, maldecían la carne de vaca. Con la tormenta, el fuego se desparramaba por todos lados. Aturdidos, los hombres buscaban sus caballos, pero los animales les ganaron la delantera. No podía huir la gente. Kalfukurá se salvó de morir, con unos pocos. Perdieron el botín, los cautivos, los animales, el tesoro; todo perdieron. Su gente cayó en cautividad. Les dieron fieros castigos. Las chinas volvieron a sus familias. Los derrotados fueron martirizados.

Pero Kalfukurá dijo: ¨Ya no me alegra hacer guerra. Siempre que yo salía, me brillaba en el cielo el Uelu nitrau, que ilumina no más al amanecer y al atardecer. Siempre me brillaba, y hacía lucir más coloradas las caras de mi gente, pintadas con kolo. Pero esta vez se me ocultó el Uelu nitrau. Me voy al Este ahora, a visitar un amigo (+) en la Argentina. Me han derrotado, todo perdí. He perdido la fuerza, que yo creí que nunca se acababa. Los guerreros perdí, que eran tantos. Quiero ir al Este. Quiero hacer paz al lado de mi amigo, que no vamos a ser enemigos, aunque siempre peleamos. Me estoy poniendo viejo¨.

En Chile está la ¨cueva del susto¨, que la llaman. Allí había sido la pelea, la trampa.

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(*) Se ha respetado la notación original del recopilador

(+) Nota de Diáspora Sur: Imaginemos de qué amigo se trata. ¿Se referirá Kalfukurá a Rosas; a Iturra quizás?

(1) El texto fue publicado originalmente en alemán y traducido para Tradiciones Americanas por Ingeborg Mühlhäuser

(2) Seguramente se refiere a la salamanca o renú

(3) Se trata de una visión que anuncia una desgracia. No ocurre durante el sueño

perimontu: Visión, generalmente de mal agüero

chao: Padre, jefe, conductor de la nación mapuche

uelu nitrau: Constelación de Orión, conocida como ¨el caminante¨

uñoliuetún: Resucitar, (la) resurrección

trarilonko: Vincha con la que pueden sujetarse plumas

mauidanches: Guerreros de la parcialidad mapuche. Más generalizada es la palabra ¨mahuidanches¨

kurafilu: Culebra de piedra; ser mítico del agua

kolo: Tierra roja, greda

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Una respuesta to “La visión del toki”

  1. La traducción de la palabra perimontu no es la correcta:
    Perimontu significa tener una visión premonitoria buena (sin alucinar).

    Sin embargo, en el lenguaje mapuche, existe una palabra para tener una visión de mal agüero. Esa palabra es “Perimol”.

    Espero que ayude.

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