1950 en Punta Alta

LA PASIÓN SANMARTINIANA

DE ANTONIO SALVADOR CARTOLANO


Que Punta Alta necesitara a San Martín es materia opinable. Que Antonio Salvador Cartolano –mi abuelo- hizo todo lo necesario y algo más para que el pueblo tuviera su San Martín, está fuera de toda discusión.

Entonces se cumplían cien años de la muerte del Libertador. Primer gobierno peronista. En 1950 Argentina festejaba el Año del Libertador General San Martín. Muchos pensaron a San Martín como modelo y pusieron manos a la obra. Entre ellos, mi propio abuelo. Que si bien albergaba ya la aspiración de fundar un nuevo barrio alrededor del proyecto de monumento, demostraba alto voltaje patriótico.

Fue entonces el Presidente de la Comisión Pro-Monumento al General San Martín, y en tal carácter, llevó la voz de Punta Alta a Buenos Aires, en un acto al cual concurrió con una placa de bronce descubierta en el Instituto Nacional Sanmartiniano (Plaza Grand Bourg), y pronunció el discurso que ahora ponemos a disposición de los audioescuchas.

Momento en el que dos ¨historias pequeñas¨: la de mi abuelo y la del propio José de San Martín se unen. Compartiendo la elucubración filosófica de Rodolfo Kusch (¨América profunda¨), podemos verlo de esa forma… Las pequeñas historias convergen en la gran historia: se ajustan a la voluntad y al movimiento de las masas.

Porque además de crecer y transformarse en uno de los barrios más bonitos y elegantes de Punta Alta, el Parque San Martín pasó a ser un símbolo de la pasión sanmartiniana de los argentinos. Que hoy, 17 de agosto de 2009, se mantiene y se incrementa a partir de nuevas investigaciones, nuevos análisis y publicaciones de importancia.

¡Gracias, abuelito!

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5 comentarios to “1950 en Punta Alta”

  1. Que la emoción que transmiten las sentidas palabras de Antonio Salvador Cartolano, recordando a ese ejemplar hombre que fué San Martín, contagie en cada uno, la pasión por lograr una América libre de injusticias, pobreza e ignorancia.

  2. Mirá: me llamo Víctor Vargas; estoy haciendo una tesis, y me encantó tu comentario. Ya que es un aporte a mi trabajo que gira en torno a la reivindicación de San Martín con eje mora; de lo que implica ser sobre todo hombre y además militar y político, y sirve para rescontruir el ideario de la época. Las placas del parque, precisamente, dos de ellas datan de 1952, fecha próxima a la revolución libertadora, que como sabrás tomó ese nombre en “honor” a San Martín. Mi propuesta es despegar al general de los preceptos del grupo del 55. Un dato clave para mi fue, que una de las placas, fue dedicada por Olivieri, participante en el bombardeo de Plaza de Mayo. Cualquier información te la re agradeceré.

    Mi mail: toti822004@hotmail.com

    • Víctor: Gracias por tu comentario. Difícilmente un mal hombre pueda llegar a ser un buen militar. Lo grave en estas latitudes y a esta hora es que difícilmente un buen hombre aspire a ser un buen militar… Como verás, mi abuelo era un sanmartiniano nato. Pero además, nosotros nacimos y vivimos muy cerca de lo que fue en el siglo XIX la Fortaleza Protectora Argentina, un fuerte militar de frontera que fue bautizado así a propósito de haberse tratado con este apelativo a San Martín en ocasión de un homenaje. Te recomiendo que veas algo que subí al blog con el título ¨De retornos y ostracismos¨; recoge parte de la correspondencia entre San Martín y Tomás Guido. Para mí fue reveladora; espero que a vos te sea de utilidad. No me sorprende lo de Olivieri, traidor como Rojas. La marina era por entonces la única arma que abría fuego sobre el pueblo. Fijate lo que hicieron estos tipos de la ¨libertadura¨: el incendio de Puerto Rosales. Está en uno de los comentarios al artículo ¨Ahora Puerto Rosales¨. ¡Te envío un fuerte abrazo!

  3. Por favor…necesito ese dialogo de tu abuelo….la tesis paso a un proyecto-audio visual…tenes mi mail….contactame y te muestro algo de mi trabajo, y su intension!….espero tu respuesta…

  4. Muy buen testimonio de un nieto para un abuelito que merece no sólo de su recuerdo. En 1950, con mis once años recien cumplidos, me toco, como uno de los tantos escolares, coayuvar en la plantación de los incipientes arbolitos, que hoy son sexagenarios, con lo que a mis 72, recien cumplidos, siguen dando fe, a mis dichos, la constante diferencia de once años. Al momento de plantarlos, ni idea teniamos los pibes, del sueño visionario de quienes adultos, proyectaban trazos de vida de quienes veriamos lo que ayer ni idea teníamos. Esa grandez de los grandes respecto de los chicos, nos enseñaban, con su ejemplo, lo que era la grandeza generacional, que pasaba como testimonio ético y vital de abuelitos a nietos, por otra parte propio del sentir y espíritu sanmartiniano, que el mencionado parque, nos recuerda, cada vez, que perdamos de vista las alturas a recuperar. Gracias a todos los que aportan para que los sueños sean realidad. Este abuelito, aunque carente de pergaminos, da fe que plantó un arbolito, escribió un libro y tiene tres hijos y varios nietos. Un abrazo Rulo

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